También analizaron la pérdida de credibilidad de los medios tradicionales frente al auge de los influencers y creadores de contenido en redes sociales.

Redacción Los Conjurados

En una conversación profunda y sin reservas, las periodistas y directoras de medios Lilia Alcántara (El Universal Puebla) y Carolina Fernández (El Popular) reflexionaron en el programa Los Conjurados sobre las complejidades de ejercer el periodismo en México siendo mujeres, madres y líderes en un entorno históricamente masculino.

Uno de los ejes centrales del diálogo fue la delgada línea que separa el trabajo profesional con las fuentes del poder y las relaciones personales con políticos y funcionarios. Ambas coincidieron en que, aunque es común que los periodistas cultiven vínculos para obtener información, cuando estos lazos se transforman en amistades, la ética y la objetividad periodística se ven comprometidas.

“Cuando conviertes a tus fuentes en amigos, pierdes imparcialidad. Y si los consideras tus compadres, ya no vas a poder escribir de ellos, incluso si cometen un delito”, afirmó Alcántara. Por su parte, Fernández defendió la importancia de mantener una buena relación con las fuentes sin caer en complicidades. “Una cosa es ser cordial y otra es ser cómplice. El periodismo no se puede hacer con lealtades personales”, sentenció.

Durante la charla, también analizaron la pérdida de credibilidad de los medios tradicionales frente al auge de los influencers y creadores de contenido en redes sociales. Coincidieron en que muchos ciudadanos prefieren seguir a tiktokers que a medios con trayectoria, lo que refleja una crisis de confianza y un reto para la profesión. “Muchos prefieren el show, aunque no haya rigor ni veracidad”, lamentó Fernández.

Ambas señalaron que parte de esta crisis proviene de la dependencia financiera de los medios respecto a los convenios publicitarios con gobiernos. “En México, el modelo sigue siendo: ‘yo te pago para que no me critiques’. Eso mata la independencia”, explicó Alcántara, quien consideró urgente legislar para que la publicidad oficial se distribuya de manera justa y sin condiciones editoriales.

El espacio también dio pie a una conversación íntima sobre los retos personales que han enfrentado como madres y periodistas. Ambas relataron episodios en los que debieron ausentarse de momentos clave en la vida de sus hijos por motivos de trabajo, y cómo han enfrentado juicios familiares y sociales por asumir su rol en el ámbito público. “Si un hombre se va a una cena de trabajo, está cerrando negocios. Si una mujer va a una rueda de prensa, se está escapando de su casa. Esa es la diferencia”, expresó Fernández.

Además, abordaron el miedo, la autocensura y los riesgos de ejercer el periodismo en un país con altos niveles de violencia y represión, tanto por parte del crimen organizado como de algunos gobiernos. “Nosotras también somos blanco, por ser periodistas, pero sobre todo por ser mujeres. Nos juzgan más, nos creen menos”, concluyeron.

Como cierre, Fernández recomendó leer el estudio “Voces en resistencia” de CIMAC, que documenta las violencias que enfrentan las mujeres periodistas, muchas veces invisibilizadas, pero profundamente arraigadas.

“Una mujer siempre será incómoda. Y si además es periodista, es doblemente peligrosa para quienes quieren silenciar”, sentenciaron al unísono.