El desafío de proteger y empoderar a la mayor generación de la historia en medio de crisis y desigualdades crecientes.
FUENTE: Gaceta UNAM
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha identificado a los jóvenes de entre 10 y 24 años como la mayor generación de la historia, comprendiendo casi una cuarta parte de la población global, con un total de 1,800 millones. En México, la población joven varía según la clasificación, y oscila entre 31 y 33 millones. Aunque poseen un gran potencial, enfrentan desafíos significativos.
El «bono demográfico» esperado en el cambio de milenio resultó en una deuda social para los jóvenes. Inicialmente se anticipaba una mejora en áreas como educación y empleo. Sin embargo, esta expectativa se desvaneció con el tiempo y se agravó con la pandemia de COVID-19, la cual exacerbó desigualdades preexistentes y acentuó la exclusión en la educación y el empleo.
El sector educativo fue particularmente impactado, dejando a aproximadamente 5.2 millones de jóvenes sin acceso a la educación virtual debido a limitaciones tecnológicas. Además, la crisis económica resultante de la pandemia agravó el desempleo juvenil, exponiendo aún más la desigualdad. Las tasas de desocupación entre los jóvenes duplican las del desempleo general, lo que lleva a muchos jóvenes a emplearse en sectores informales e incluso ilegales.
En el Día Internacional de la Juventud, se resalta la necesidad de abordar estas problemáticas y empoderar a la juventud para construir un futuro más igualitario y prometedor.
NUEVAS TECNOLOGÍAS
El especialista señala que aproximadamente 1 millón de jóvenes se integra a la población económicamente activa anualmente en busca de empleo estable. A pesar de programas como «Jóvenes Construyendo el Futuro», considera que son insuficientes para abordar la incorporación laboral de los jóvenes, ya que brindan capacitación, pero no empleo. La transformación tecnológica del mercado laboral y la creciente demanda de habilidades específicas complican aún más su inserción.
El experto destaca el fenómeno de «nearshoring», que atrae empresas extranjeras con costos competitivos de producción, pero requiere una fuerza laboral capacitada. Sin embargo, muchos jóvenes carecen de formación adecuada. Se enfatiza que los jóvenes no deben ser solo receptores de apoyo, sino participantes activos en su desarrollo. Es vital modificar la educación y enseñarles a pensar y tomar decisiones para que asuman responsabilidades.
El académico advierte que el problema radica en los adultos y sus enfoques. Las políticas deben enfocarse en cambiar la mentalidad de los adultos y reconocer el potencial de los jóvenes. Estos no son el problema, sino que las decisiones de los adultos deben transformarse para abordar eficazmente la inclusión y el empoderamiento juvenil en un mercado laboral en evolución.









