Lo que está en juego va más allá de los precios de renta. El fondo del debate toca temas esenciales como el derecho a una vivienda digna, el acceso equitativo al espacio urbano y la soberanía cultural
Redacción Los Conjutrados | Foto X: @BiciCondesaRoma
El fenómeno global de la gentrificación ha alcanzado un punto crítico en la Ciudad de México, donde vecinos, activistas y colectivos ciudadanos comienzan a alzar la voz contra sus efectos más visibles: el encarecimiento de la vida, el desplazamiento de residentes y la transformación del tejido social de barrios enteros.
Un fenómeno global con rostro local
La gentrificación es un proceso urbano mediante el cual zonas populares o de clase media comienzan a atraer a residentes con mayor poder adquisitivo, lo que provoca un alza en los precios de bienes raíces, servicios y consumo. Aunque puede traer consigo cierta inversión en infraestructura o renovación urbana, también genera la expulsión de habitantes originales y la pérdida de identidad de los barrios.
Este fenómeno se ha observado en ciudades como Nueva York, Barcelona, Berlín y Buenos Aires. En todas, el resultado es similar: una tensión creciente entre desarrollo urbano y derecho a la ciudad, especialmente entre poblaciones que han habitado históricamente esas zonas.
La protesta toma las calles en CDMX
En México, este conflicto ha estallado con fuerza en colonias como la Roma y la Condesa, epicentros del fenómeno en la capital. El pasado 4 de julio se realizó la primera gran marcha contra la gentrificación en la Ciudad de México, convocada por colectivos como Gentrificación en tu idioma y Obrera CDMX. La manifestación se llevó a cabo en el Parque México, e incluyó actividades como micrófono abierto, intervenciones gráficas y el cierre de calles.
Las consignas de la protesta fueron contundentes: “La gentrificación no es progreso, es despojo” y “Gringos, go home”, en alusión directa a los llamados nómadas digitales y a la creciente presencia de extranjeros que rentan propiedades en dólares y consumen servicios en pesos.
¿Qué denuncian los manifestantes?
Entre las principales quejas está el aumento desmedido de rentas —algunas de hasta 50 mil pesos mensuales en zonas como la Condesa—, así como la transformación comercial de barrios tradicionales en zonas de consumo elitista. Los manifestantes también advierten sobre la saturación de servicios como el agua, el transporte y la recolección de basura, provocada por la sobrepoblación temporal.
Además, se señala una pérdida de identidad cultural, pues tianguis, fondas y pequeños comercios han sido desplazados por cafeterías boutique, coworkings y restaurantes enfocados al turismo internacional.
Reacciones y tensiones
La jefa de Gobierno, Clara Brugada, se pronunció al respecto, reconociendo el derecho a manifestarse, pero rechazando expresiones xenofóbicas. Anunció también que su administración trabaja en un protocolo para evitar afectaciones a terceros en futuras movilizaciones.
Durante la protesta, el influencer Luisito Comunica fue increpado por manifestantes que lo señalaron como “símbolo” del fenómeno gentrificador. El hecho desató un intenso debate en redes sociales sobre el tono de las protestas y la complejidad del tema.
¿Y ahora qué?
Lo que está en juego va más allá de los precios de renta. El fondo del debate toca temas esenciales como el derecho a una vivienda digna, el acceso equitativo al espacio urbano y la soberanía cultural sobre los barrios. En medio de esta discusión, la Ciudad de México enfrenta un reto urgente: encontrar un equilibrio entre apertura global y justicia social.









