La mañana del 8 de marzo de 2026 amaneció distinta en el Centro Histórico de Puebla. Desde temprano comenzaron a aparecer pañuelos morados, carteles con rostros y nombres, veladoras encendidas y consignas escritas a mano. No era una celebración. Era memoria, protesta y exigencia en el marco del Día Internacional de la Mujer.

Poco después de las 09:00 horas, el silencio del Zócalo fue interrumpido por fotografías y fichas de búsqueda colocadas alrededor del Árbol de la Esperanza. Integrantes del colectivo Voz de los Desaparecidos instalaron una exposición pacífica para recordar a mujeres desaparecidas y víctimas de feminicidio. Los retratos, sostenidos por cartulinas y listones morados, parecían mirar a quienes pasaban frente a ellos.

Algunas madres se detuvieron frente a las imágenes. Otras acariciaban las fotografías de sus hijas. Todas compartían la misma consigna: que regresen a casa.

A las 10:00 de la mañana, en la Catedral de Puebla, familiares de personas desaparecidas participaron en una misa dedicada a las buscadoras y a las mujeres que ya no están. El eco de las oraciones se mezcló con lágrimas contenidas y abrazos silenciosos.

Pero la jornada apenas comenzaba.

Hacia las 13:00 horas, uno de los primeros contingentes partió desde el Reloj del Gallito, en el Paseo Bravo. Entre pancartas con la frase “Todas tenían nombre”, mujeres caminaron rumbo a la Fiscalía General del Estado de Puebla sobre el bulevar 5 de Mayo.

Las consignas resonaban entre edificios y avenidas:

“¡Ni una más!”
“¡Vivas se las llevaron, vivas las queremos!”

Durante la tarde, nuevos grupos se sumaron. Desde el Conservatorio de Música y el Mercado de Sabores partieron colectivos como Tribu MalalaMadres Exigiendo Justicia y la Red de Mujeres Artistas, integrados por madres, jóvenes, niñas y creadoras que denunciaban distintas formas de violencia: desde la violencia vicaria hasta la exclusión en espacios culturales.

Al caer la tarde, el Centro Histórico estaba completamente teñido de morado.

El momento más multitudinario llegó a las 16:00 horas, cuando inició la marcha “Latido Común, late la diversidad, vibra la resistencia”, convocada por diversos colectivos feministas. La movilización avanzó desde el Paseo Bravo hacia el Congreso del Estado, la avenida Reforma y el Zócalo, antes de dirigirse a la Fiscalía.

A lo largo del recorrido se observaban carteles con nombres de víctimas, pañuelos verdes por el derecho a decidir y mantas que exigían justicia para mujeres asesinadas o desaparecidas.

La jornada transcurrió mayoritariamente de forma pacífica. Incluso, en varios puntos del trayecto, comerciantes ofrecían agua, fruta o palabras de aliento a las manifestantes. Algunas policías mujeres acompañaban el operativo portando flores.

Más de 1,300 elementos de seguridad, entre ellos 632 mujeres policías, participaron en el dispositivo implementado por autoridades para acompañar las movilizaciones.

Sin embargo, más allá del despliegue institucional, el mensaje que predominó durante todo el día fue uno solo:

Las mujeres salieron a las calles para recordar a quienes ya no pueden hacerlo.