La columna de Erika Rivero Almazán
Quien piense que con el cambio de grupo en el control del PAN Puebla, tras su reciente proceso de elección interna, se terminaba la guerra intestina entre los dos grupos hegemónicos en ese partido, puede que en las primeras semanas de este 2025 se lleve una sorpresa:
Para empezar, la aún presidenta Augusta Díaz de Rivera intentó agotar hasta el último minuto de su dirigencia, con la explicación de “dejar todo en orden”, impidiendo que el comité directivo ganador, encabezado por Mario Riestra y Genoveva Huerta, tuviera cualquier tipo de acceso a la información, documentos y cuentas del partido.
Y es que al equipo de Augusta se les vio trabajando durante las fechas navideñas hasta altas horas de la noche en las oficinas, actividad inusual en las instalaciones.
Este jueves, 2 de enero, se debió de haber llevado a cabo las primeras reuniones de entrega – recepción.
Pero no fue así.
La primera gran incógnita que el equipo de Augusta Díaz de Rivera deberá responder es una explicación del por qué fue la administración que más dinero recibió por parte del CEN y la que peores cuentas entregó durante el pasado proceso electoral del 2 de junio.
También ese Comité Directivo Estatal fue señalado por presentar una administración ineficiente en el manejo de las cuentas públicas del partido, con fallas, omisiones y falta de transparencia.
Lo más grave es que esta situación no sólo afectó al PAN, al Comité Directivo Estatal y a los Municipales, sino también pone en riesgo el prestigio de la institución: se trata de manejo de dinero público, y por tanto, está sujeto a una fiscalización federal.
Y esa será otra batalla que deberá librar.
Al parecer, el PAN dejará de “lavar su ropa sucia en casa”, para “sacar sus trapitos al sol”.
También otro de los pendientes que hasta el momento no ha tenido explicación son la acumulación de deudas con el pago de las mensualidades para las operaciones de los Comité Municipales, ya que muchos no tuvieron ni luz, papelería elemental o incluso oficinas ante la falta de recursos.
La exigencia de las presidencias municipales ante tal situación siempre contó con una justificación verbal (nunca por escrito) de la presidenta Augusta de que “no había dinero”.
También no se les pagó a los representantes de casilla (o el pago se hizo incompleto), por lo que el 60% de las casillas electorales no contaron con un representante del PAN.
Como si fuera poco, jamás de había acumulado tanta deuda a raíz del cobro de multas por parte de las instituciones electorales por mal manejo en la transparencia de sus recursos.
Y Cuidado, porque este efecto colateral llegará al equipo de Eduardo Rivera y seguidores, que ahora se encuentran en puestos públicos.
Hay muchas dudas, inconsistencias, y ninguna respuesta.
Al parecer, llegó el momento de que el grupo de Augusta Díaz de Rivera “saque sus trapitos al sol”.









