Carlos Alberto Manzo Rodríguez (1985–2025) fue un político independiente que marcó un antes y un después en la historia reciente de Uruapan. Su asesinato el 1 de noviembre de 2025, durante el Festival de las Velas, no solo conmocionó al país, sino que también convirtió su figura en símbolo de resistencia frente al crimen organizado.

Nacido el 9 de mayo de 1985, Manzo provenía de una familia de clase media y estudió Ciencias Políticas y Gestión Pública en el ITESO, en Guadalajara. Su carrera pública fue breve pero intensa: fue auditor en el IMSS Michoacán (2017–2018), diputado federal por Morena (2021–2024) y alcalde de Uruapan desde septiembre de 2024, tras ganar las elecciones como candidato independiente con el 65.8% de los votos, el porcentaje más alto en la historia del municipio.

En febrero de 2024 rompió con Morena por desacuerdos con la dirigencia estatal, y desde entonces se propuso gobernar “sin partidos, solo con la gente”. Su llegada al poder fue vista como una bocanada de aire fresco en una región golpeada por la violencia y la desconfianza política.

El “Bukele Mexicano”

Su estilo frontal y su política de seguridad de “mano dura” le valieron el apodo de El Bukele Mexicano. En una ciudad asediada por el CJNG y los Cárteles Unidos, Manzo no temió enfrentarse directamente a los criminales. Ofreció bonos de hasta un millón de pesos por decomisos de armas, solicitó ametralladoras calibre .50 para equipar a su policía municipal y ordenó abatir a delincuentes armados que se resistieran a ser detenidos.

“Delincuente que ande armado y se resista, hay que abatirlo. Punto”, declaró en una de sus frases más recordadas.

Su discurso le generó tensiones con el gobernador Alfredo Ramírez Bedolla y con la presidenta Claudia Sheinbaum, defensores de la política federal de “abrazos, no balazos”. Sin embargo, su postura lo convirtió en un referente nacional entre quienes exigían un cambio de estrategia.

Cercano, directo y viral

Carlos Manzo se ganó el cariño de la gente por su cercanía. Caminaba sin escoltas visibles por los mercados, transmitía en vivo desde patrullas y respondía mensajes de ciudadanos por redes sociales. En TikTok acumuló más de 1.2 millones de seguidores, donde se viralizaban sus videos editados con música épica y frases desafiantes como “Aquí mando yo”.

Defendía a su policía municipal —la llamaba su Policía Municipal Conocida (PMC)— y rechazó escoltas federales. “Prefiero a mis policías que me conocen y conocen la ciudad, no a federales que no saben ni dónde está el mercado”, afirmaba.

Acciones simbólicas y valentía

Su administración estuvo marcada por gestos de alto impacto. Canceló el Grito de Independencia tras el asesinato de un policía municipal, entregó becas a los hijos de elementos caídos y pidió audiencia directa con la presidenta Sheinbaum. En sus palabras, “no quería ser un alcalde más de los ejecutados”, pero si eso ocurría, decía, prefería “morir de frente y peleando”.

En octubre de 2025, declaró públicamente: “No quiero ser un alcalde más de los ejecutados”. Apenas unas semanas después, su frase se volvió profética.

Un legado que trasciende

Tras su muerte, la ciudad se unió en una vigilia multitudinaria frente al Palacio Municipal. Miles de personas encendieron velas que formaron su rostro en el suelo, mientras su policía municipal prometía “no bajar las manos”.

Con una aprobación del 82% en las encuestas locales, Manzo se perfilaba como una figura emergente de la política nacional e incluso como posible presidenciable en 2030. Su asesinato no solo arrebató la vida de un líder, sino también la esperanza de una ciudadanía que lo veía como el primer alcalde dispuesto a enfrentar, sin miedo, a quienes mantenían a Uruapan bajo el terror.

Carlos Manzo fue querido porque representó esperanza. No fue un político perfecto, pero para muchos uruapenses fue el primero que realmente peleó por ellos —y lo hizo hasta el último segundo de su vida.