La salud mental de niñas, niños y adolescentes enfrenta una presión creciente en Puebla, impulsada tanto por factores sociales como por el impacto del entorno digital. Así lo advirtió Umi Choda Morales, directora del Centro Poblano de Salud Mental Integral (CEPOSAMI), durante una entrevista en Los Conjurados con Érika Rivero Almazán.

A seis meses de su apertura, el CEPOSAMI ha registrado una alta demanda que confirma la necesidad de este tipo de servicios. De acuerdo con la especialista, el centro acumula cerca de 9 mil atenciones —entre consultas, capacitaciones y canalizaciones—, lo que ha obligado a ampliar horarios, abrir fines de semana y fortalecer su plantilla.

“Fue inmediato constatar que era una iniciativa necesaria. Las agendas se llenaron muy rápido”, señaló.

Aumentan diagnósticos en menores

Uno de los principales focos de atención es el incremento en casos de trastornos del neurodesarrollo, especialmente del espectro autista, así como problemas de ansiedad, depresión y conducta en adolescentes.

Choda Morales explicó que este fenómeno responde a múltiples factores: por un lado, una mayor capacidad de diagnóstico y, por otro, condiciones sociales que impactan directamente en el desarrollo emocional.

Destacó que el diagnóstico oportuno es clave para garantizar una atención adecuada; sin embargo, en el ámbito privado puede representar un alto costo, lo que convierte al CEPOSAMI en una alternativa fundamental para muchas familias.

Violencia y redes sociales: un nuevo escenario

La especialista advirtió que la violencia entre menores ha cambiado de forma. Ya no se limita a espacios físicos como la escuela, sino que se extiende a redes sociales, donde el acoso puede amplificarse y prolongarse.

“El bullying ya no termina al salir del aula. Ahora continúa en línea y puede difundirse de manera masiva”, explicó.

En este contexto, alertó sobre la exposición temprana a contenidos violentos y la influencia de los algoritmos, que moldean la percepción del mundo en edades clave.

Supervisión digital: responsabilidad de los padres

Ante este panorama, la directora del CEPOSAMI subrayó que el acceso a dispositivos electrónicos debe entenderse como un privilegio y no como un derecho automático. En ese sentido, insistió en la necesidad de supervisión activa por parte de los padres.

El acompañamiento, dijo, implica conocer el contenido que consumen los menores, revisar sus redes sociales y establecer reglas claras desde el inicio. Incluso, consideró necesario que los padres tengan acceso a cuentas y contraseñas, como una medida de protección.

“No es invasión, es prevención. Hay riesgos reales como el grooming o el acceso a contenido inapropiado”, afirmó.

Asimismo, advirtió sobre prácticas como el intercambio de imágenes íntimas, que pueden derivar en delitos, incluso entre menores de edad, lo que implica consecuencias legales para las familias.

Crianza con límites y diálogo

Durante la entrevista, Choda Morales enfatizó que la llamada crianza respetuosa no debe confundirse con permisividad. Validar las emociones de los hijos es importante, pero también lo es establecer límites claros.

“El objetivo no es evitarles frustraciones, sino darles herramientas para enfrentar la vida”, señaló.

En este sentido, destacó la importancia del diálogo genuino entre padres e hijos, así como el interés real por conocer su entorno, sus preocupaciones y su forma de pensar.

Alternativas frente a la adicción digital

Otro de los riesgos identificados es la dependencia a dispositivos electrónicos. La especialista explicó que esta no depende únicamente del acceso a la tecnología, sino del entorno en el que se desarrollan los menores.

La falta de actividades recreativas, redes de apoyo o espacios de convivencia incrementa la vulnerabilidad. Por el contrario, opciones como el deporte, el arte o la interacción social funcionan como factores protectores.

Modelo estatal de atención

Como parte de su estrategia de crecimiento, el CEPOSAMI busca ampliar su alcance mediante la capacitación de psicólogos en los sistemas DIF municipales. La meta es llevar atención básica a los 217 municipios del estado, evitando traslados largos y facilitando el acceso a diagnósticos y tratamientos.

“Queremos que las primeras atenciones se puedan dar en cada municipio y solo canalizar a la capital los casos más especializados”, explicó.

Un reto colectivo

Finalmente, la directora subrayó que la salud mental infantil no puede abordarse únicamente desde el ámbito individual o familiar, sino que requiere un enfoque integral que involucre instituciones, comunidad y políticas públicas.

En línea con teorías como la jerarquía de necesidades de Abraham Maslow, enfatizó que factores como la alimentación, la seguridad y la convivencia social son determinantes para el desarrollo emocional.

“La salud mental es un derecho. Y garantizarla implica entender que no depende solo de una persona, sino de todo el entorno”, concluyó.