La columna de Erika Rivero Almazán

¿Mario Riestra o Felipe Velázquez? Hagan sus apuestas. (Yo ya aposté una comida de mariscos con dos compañeros periodistas, a ver cómo me va…).

Pero si vamos a hablar en serio, y dejando el sabroso chisme de la politiquería… Honestamente, para el grado de complejidad que enfrentan todos los partidos de oposición, la nula capacidad de reacción y la negación a aceptar errores evidentes en su desempeño (y lo más grave, a corregirlos), creo que no es tan relevante quién gane la presidencia del PAN Puebla el próximo 15 de diciembre.

Porque Felipe Velázquez y Mario Riestra están encabezando dos grupos antagónicos hasta la ignominia que tratan de asfixiarse primero, despedazarse después, para al final quemar sus restos con gasolina. Aniquilación total. Como si no hubiera espacio para el otro. “O es mi grupo, o no es nadie”. Como una extraña adrenalina que alimenta y da vida a quienes compiten por la dirigencia, en un diálogo de sordos.

¿Y qué piensa la militancia? La verdadera militancia albiazul, la heredera de Maquío y la que suspira con la cultura del esfuerzo, está hasta el queso de las dirigencias mediocres, y con todo respeto, la peor ha sido la de Augusta Díaz de Rivera; una verdadera caricatura que inspira pena ajena para el gremio femenino de la política. Pero esa es otra historia. Después se las cuento.

No creo que el dilema del PAN Puebla sea quién gane la presidencia del partido. El verdadero reto para el PAN es convencer a esos simpatizantes (que no son necesariamente militantes panistas) para que no lo abandonen.

Y ya entrando en materia, esto va muy en serio. Aquí entra el chisme informado: Ya hay un movimiento de derecha a nivel nacional que llegó a Puebla y está reclutando a funcionarios públicos panistas hartos, simpatizantes despreciados, candidatos extorsionados y militancia maltratada. Y créanme que hay mucha. Y de todos los niveles. Desde alcaldes, exalcaldes, regidores, exdiputados, integrantes del Comité Estatal o municipales, empresarios de todos los niveles, hasta los fieles que marchan y llenan plazas, incluyendo a ONGs, y algunos jóvenes (que son los menos), que ya han sido convocados por la mano que mece la cuna a nivel nacional: los xochilovers.

Espera, no te rías, no minimices. Que va en serio. Y es sumamente preocupante. Porque no sólo estamos hablando de un PAN Puebla chiquito, sino aparte, dividido; y ahora súmale que son muchos los que ya tienen una propuesta real sobre la mesa para emigrar a un nuevo partido político.

Entonces… ¿qué será de Acción Nacional? La otra parte ruda de esta historia es que el blanquiazul es (o era) el principal partido de oposición en México. Y si quienes le daban vida… ¿desertan? ¿Qué queda entonces? Un nuevo partidito más que se sumaría a los 6 que ya existen en este país, más los que juegan de local en los estados, que se están disputando en cada elección el enorme reto de no perder el registro, pero sí recibir prerrogativas millonarias.

En su momento lo intentó Margarita Zavala con México Libre, y no le salió (o no la dejaron). Ahora, la excandidata a la presidencia de la República, Xóchilt Gálvez, está haciendo un trabajo hormiga en el territorio nacional, evitando los reflectores y ya vino a Puebla. Aunque usted no lo crea, no le fue nada mal. Y es que Puebla es el caldo de cultivo de los panistas olvidados.

Platicando con un importante exalcalde de Puebla, está a punto de renunciar al PAN para sumarse a este proyecto. Cuando se haga público, será otro balde de agua fría para el nuevo Comité Estatal, porque será el primero de muchos que no soportan estar en un partido en donde los candidatos y las oportunidades de un puesto sólo se reparten entre las familias custodias. Y la militancia es ignorada, al grado que será el Consejo, un puñado de 114 personas y no los 22 mil panistas, quienes elegirán a su próximo presidente.

¿Ya ves por qué te digo que los retos del PAN Puebla no es quien quede en la presidencia?

Me llamó la atención la reciente columna de Adriana Dávila, la excandidata nacional a la presidencia del PAN Nacional, que considera que “no será creando nuevos partidos políticos o pulverizando a la oposición como se vencerá al régimen, sino teniendo una oposición clara y un propósito que una a quienes no tienen representación con los gobiernos denominados 4T”.

La gran incógnita es… ¿El PAN está en posibilidades de ser esa representación?