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La columna de Erika Rivero Almazán

1.- Nepotismo en el clan de Claudia Rivera.

“Para Morena ha sido un lastre, una monserga, ‘cargar’ con Claudia Rivera y su familia”, esta es la queja de todos los morenistas, aún los considerados “puros” sobre todas las posiciones y candidaturas que tuvieron que darle a Claudia Rivera. Ni hablar, los morenistas tuvieron que ‘tragarse’ las designaciones federales, ya que la promesa de aplicar el sistema de encuestas para seleccionar candidaturas no se aplicó en algunos niveles y si se dieron las componendas familiares.

Nepotismo puro, aplicado en el clan de Claudia Rivera, la misma que jugó por la candidatura a la gubernatura, la alcaldía y al senado (y todas las perdió, por cierto) pero que aceptó el premio de consolación competir por la diputación federal de Tepeaca, y con ello, una posición para su novio, Roberto Zataraín: no es político, no tiene militancia ni carrera en Morena, por lo tanto está muy lejos de ser un “morenista puro”, pero se dice experto “en salud mental”, así que nadie sabe cuál fue el mérito para acreditarse como candidato a la diputación local por el distrito 19, con sede en Puebla capital; por otro lado, su hermana Mayte Rivera quiere ser regidora, y si no queda, está la carta bajo la manga: la novia de una de sus hermanos. Por su parte, su hermano David quiere meterse a como de lugar en el equipo de Alejandro Armenta. Y mientras, por la imposición de Andrés García Viveros, gente de toda su confianza, Claudia Rivera rompe acuerdos y boicotea el proceso de inscripción de la planilla de Pepe Chedraui, cuando nadie olvida que García Viveros es un personaje de triste recuerdo acusado reciente por abuso de autoridad y acoso sexual.
Si Morena tanto critica los casos de nepotismo del pasado, ahora se tropieza con la misma piedra con Claudia Rivera.

2.- Nora Merino Escamilla: sin sororidad ante su adversaria Carolina Beauregard.


Se esperaría de quien fue presidenta de la comisión de género del Congreso una mayor sororidad ante cualquier candidata que solicita ayuda ante sufrir violencia política de género, pero la petista Nora Merino fue la primera en criticar a su adversaria por el distrito 12 federal con cabecera en Puebla, la panista Carolina Beauregard, por solicitar seguridad ante las agresiones que ha denunciado durante la campaña. “Que mejor se ponga a trabajar en lugar de andar pidiendo seguridad”, fue lo que dijo la exdiputada.
En pocas palabras, su crítica fue tachar de exagerada la petición, demeritando y revictimizando a Carolina. Sin duda, una acción nada sorora de quien presume ser defensora de las mujeres. Una acción dice más que mil palabras.
Ojo: este tipo de conductoras no deben permanecer en la política electoral de hoy.

3.- Falta de seriedad para defender las acciones afirmativas en candidaturas.


Esta vez se criticó al priísta Néstor Camarillo por representar a sector indígena en la boleta electoral como candidato al senado, pero también este sector ha sido representado por Genoveva Huerta, Tonantzin Fernández y una serie de figuras políticas que obviamente ya disfrutan de una situación de privilegio. Las acciones afirmativas para los sectores vulnerables como las mujeres, la comunidad LGBT e indígena deben cumplirse con requisitos más específicos, filtros más eficaces y requisitos claros, para que realmente cumplan con su función.

4.. Seleccionar candidatos con dudosas relaciones con el crimen organizado


La más mínima duda sobre los antecedentes de un aspirante a candidato, debería de ser suficiente razón para no serlo. Por eso se volvió todo un escándalo la candidatura de Lupita Martínez para la alcaldía de Quecholac. El motivo no puede ser más contundente para que la noticia se difundiera a nivel nacional. Y es que la candidata es hija de Antonio Martínez Fuentes, alias “el Toñín”, quien fue señalado públicamente por el gobernador (qepd) Luis Miguel Barbosa como el principal líder huachicolero del Triángulo Rojo. La candidata se defendió, diciendo que no hay ninguna prueba ni ninguna denuncia en contra de su papá ni de ella.

Y así, en lugar de hablar de los logros políticos, su trabajo social, académico, o de lo que se debe de destacar en una aspirante a una alcaldía, el tema central de la candidatura de Lupita se basa hasta ahora en su presunta relación con el crimen organizado. ¿Por qué la balanza se inclina por esta segunda opción? Ese es el principal problema.