Una noche de violencia y tensión se vivió en Michoacán luego de que un grupo de aproximadamente 50 manifestantes incendiara y destrozara el Palacio Municipal de Apatzingán, en protesta por el asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo Rodríguez, ocurrido el pasado 2 de noviembre, y del líder limonero Bernardo Bravo, ejecutado el 19 de octubre.
De acuerdo con reportes locales, los inconformes irrumpieron en el edificio municipal, colgaron una manta exigiendo la renuncia de la presidenta Fanny Arreola, y prendieron fuego a las instalaciones. La policía municipal no intervino inicialmente, lo que permitió que las llamas consumieran gran parte del inmueble antes de la llegada de los bomberos.
Paralelamente, en Uruapan, un grupo de unos 100 presuntos estudiantes causó destrozos en la Estación 3 del Teleférico, ubicada en el Boulevard Industrial. Los manifestantes cerraron la vía con unidades del transporte público, derribaron estructuras, rompieron cristales y provocaron incendios, en una protesta que derivó en enfrentamientos con agentes policiales.
Durante los disturbios, los participantes lanzaron piedras y la policía respondió con gases lacrimógenos. Las autoridades reportaron varias detenciones, aunque tres personas fueron liberadas horas después; una más permanece bajo custodia por portar un arma punzocortante.
En medio de la tensión, Grecia Quiroz, viuda del alcalde Manzo, hizo un llamado a la calma a través de redes sociales, pidiendo que las protestas se realicen “sin violencia ni destrucción”, y recordando que “están sucediendo cosas que a él no le hubieran gustado”.
El secretario de Gobierno estatal, Raúl Zepeda Villaseñor, condenó los actos vandálicos, aunque reiteró el respeto al derecho de manifestación.
Las autoridades estatales mantienen un operativo de seguridad en ambos municipios, mientras continúan las investigaciones por los homicidios que desataron la crisis social en la región.









