Foto: Captura video de Es Imagen

Entre flores, velas encendidas y mensajes escritos a mano, familiares y amigos de Yusvely Marianny, joven venezolana que perdió la vida en Puebla, se reunieron la noche del 28 de octubre para rendirle homenaje en el punto donde ocurrió la tragedia: el puente cercano al Centro Integral de Servicios (CIS) en la Vía Atlixcáyotl.

El emotivo altar, lleno de fotografías, listones y lágrimas, se instaló como parte de la tradición del Día de los Muertos “chiquitos”, fecha en que se recuerda a quienes murieron de forma trágica. Entre los asistentes se escucharon plegarias y palabras de amor hacia la joven, cuyo caso conmovió a la comunidad poblana y a migrantes venezolanos radicados en la capital.

Yusvely, quien padecía depresión, dejó un mensaje de despedida en redes sociales y una carta en la que reveló acusaciones de abuso sexual contra su hermano y su sentimiento de desamparo familiar, factores que, según su testimonio, la llevaron a tomar la fatal decisión.

El hecho, ocurrido a inicios de octubre, ha desatado una profunda reflexión sobre la salud mental, la atención psicológica a jóvenes migrantes y el papel de las familias ante señales de alerta emocional. Colectivos feministas y asociaciones civiles han pedido a las autoridades reforzar los servicios de apoyo psicológico y garantizar acompañamiento especializado para mujeres en situación de vulnerabilidad.

La luz de las velas sobre la Atlixcáyotl no solo recordó a Yusvely, sino también a todas las vidas que se apagan en silencio. “No fue su culpa, fue el abandono”, escribió una de las asistentes en un cartel, resumen del sentir colectivo que convirtió la tristeza en exigencia de empatía y acción.