Más allá de los programas sociales y la agenda institucional, Mario Montero Rosano, subsecretario de Bienestar y Participación Ciudadana, mostró en Los Conjurados una visión del servicio público profundamente marcada por su historia personal, donde la familia, la paternidad y el contacto directo con la gente son ejes fundamentales.

Durante la entrevista con la periodista Érika Rivero, el funcionario subrayó que su formación no solo responde a una carrera política, sino a una herencia de valores. Recordó que su abuelo le inculcó el sentido de servir a los demás, mientras que su padre le enseñó la disciplina como herramienta para lograr objetivos.

Sin embargo, fue su experiencia como padre soltero la que, aseguró, transformó su perspectiva de vida. Tras su divorcio, Montero enfrentó el reto de equilibrar su responsabilidad familiar con su vocación pública, un proceso que lo llevó a replantear prioridades y fortalecer su compromiso tanto en el ámbito personal como profesional.

En ese sentido, destacó que la crianza en solitario no es exclusiva de las mujeres y que los hombres también enfrentan desafíos importantes, desde la organización del tiempo hasta la carga emocional. “También para nosotros es complicado”, reconoció, al tiempo que llamó a visibilizar esta realidad.

Montero señaló que su hijo se ha convertido en su principal motor, al grado de que su rutina diaria gira en torno a él y a su labor como servidor público. Esta dualidad, dijo, le permite mantener una conexión más humana con las necesidades de las familias poblanas.

Bajo esa lógica, defendió su estilo de trabajo cercano a la ciudadanía, al asegurar que prefiere el territorio sobre la oficina. “Soy más de calle que de escritorio”, afirmó, al explicar que es en colonias, juntas auxiliares y unidades habitacionales donde realmente se conocen las problemáticas sociales.

El subsecretario concluyó que esta combinación entre experiencia personal y trabajo en campo le ha permitido construir una visión más empática del servicio público, enfocada en atender de manera directa las demandas de la población.

Con un discurso que mezcla lo íntimo y lo institucional, Mario Montero dejó claro que su forma de gobernar parte de entender la realidad desde la cercanía y la experiencia propia.