La columna de Arturo Hernández Davy
El tejocote poblano se consolidó como uno de los frutos más representativos y de mayor calidad a nivel nacional e internacional. Su producción se concentra principalmente en las regiones de San Andrés Calpan y Huejotzingo, donde las condiciones geográficas y climáticas de la zona Izta-Popo favorecen el desarrollo de este fruto mexicano.
Además de abastecer el mercado local y nacional, el tejocote poblano mantiene una importante actividad exportadora hacia Estados Unidos y Guatemala, con alcance también hacia países de Centro y Sudamérica.
La temporada de mayor producción ocurre entre octubre y diciembre, meses en los que este fruto adquiere gran relevancia tanto en la gastronomía tradicional como en la actividad económica de la región.
De mi escritorio
El tejocote es ampliamente conocido por su presencia en el tradicional ponche decembrino; sin embargo, también forma parte de una gran variedad de productos elaborados en cocinas tradicionales, como ates, jaleas, postres, almíbares, conservas y mermeladas.
Además de su sabor, destaca por sus propiedades nutricionales, ya que es rico en vitaminas A y C, así como en hierro y calcio. En usos domésticos y tradicionales, también se emplea para aliviar problemas respiratorios, gripe y resfriados.
Actualmente, en Puebla se producen más de 5 mil 500 toneladas de tejocote al año en más de 840 hectáreas, actividad que beneficia de manera directa e indirecta a cerca de 4 mil familias poblanas.
Por ello, la administración estatal encabezada por Alejandro Armenta, junto con las secretarías de Economía y Agricultura, mantiene especial interés en fortalecer esta producción e integrarla al portafolio de productos de la marca “5 de Mayo”, elaborados por manos poblanas.
Disfrutar del tejocote poblano es, sin duda, “disfrutar en grande”.







