La columna de Arturo Hernández Davy
Puebla se posiciona como uno de los principales productores de ónix y mármol en el país, incluso por encima de estados como Zacatecas en la elaboración de productos derivados de estos materiales.
Regiones como el valle de Tehuacán y Tecali de Herrera han mantenido, por más de 100 años, una tradición económica y artesanal basada en el trabajo del ónix y el mármol. Gracias a la creatividad e ingenio de sus artesanos, se produce una amplia gama de artículos para la construcción y la decoración.
Entre los productos destacan lámparas, mesas, espejos, recubrimientos y ceniceros, entre muchos otros. Esta actividad genera cerca de 3 mil empleos en dichas zonas, consolidándose como un sector clave para la economía local.
Ante esta oferta, no es necesario recurrir a productos de importación, ya que en Puebla se encuentra una gran variedad de piezas de alta calidad y valor estético.
Es ampliamente reconocido, tanto a nivel nacional como internacional, que estos productos son utilizados en grandes cadenas de hoteles y restaurantes alrededor del mundo. Las artesanías poblanas han cruzado fronteras, llegando a destinos de alto flujo turístico como Las Vegas, en el estado de Nevada, Estados Unidos, donde forman parte de la decoración y construcción de espacios de primer nivel.
Si bien materiales como el mármol de Carrara, en Italia, son conocidos globalmente, los productos poblanos han logrado posicionarse con fuerza en desarrollos inmobiliarios, complejos turísticos y proyectos arquitectónicos en distintas partes del mundo.
La actual administración estatal reconoce la importancia de esta actividad y ha impulsado su promoción, lo que representa una oportunidad para fortalecer el consumo local y valorar el trabajo de las manos poblanas.
Consumir lo hecho en Puebla es respaldar su talento, su historia y su identidad. Porque promover lo nuestro también es hacerlo en grande.









