El consumo de alcohol en México representa un costo económico equivalente al 2.1% del Producto Interno Bruto (PIB), es decir, 552 mil millones de pesos anuales, mientras que los impuestos recaudados de esta industria solo alcanzan el 0.2% del PIB.
Ante este desequilibrio, expertos y organizaciones proponen que las bebidas alcohólicas se incluyan en los llamados «impuestos saludables» a partir de 2026. La iniciativa busca modificar el esquema fiscal actual, que grava el valor del producto, hacia un modelo basado en el contenido de alcohol puro. Esta medida podría aumentar hasta en 30% el precio de la cerveza y, con ello, disminuir su consumo.
Además de las implicaciones económicas, se destaca que el consumo de alcohol está vinculado a hechos violentos: participa en el 9% de los homicidios y el 11% de los intentos de suicidio. También preocupa el incremento del consumo entre adolescentes, especialmente mujeres de 12 a 17 años.
En comparación internacional, los precios de la cerveza y los destilados en México se mantienen por debajo del promedio de los países de la OCDE, lo que los hace más accesibles y contribuye a un mayor consumo. Los especialistas insisten en que un ajuste fiscal podría ser una herramienta efectiva para reducir los daños sociales y de salud asociados al alcohol.









