La columna de juan Rodolfo Rivera Pacheco
Cada año, el municipio de Puebla enfrenta una realidad presupuestaria que deja en evidencia limitaciones profundas para atender los problemas cotidianos de la ciudad. En 2025, como en años anteriores, el presupuesto municipal (más de 7,300 millones de pesos) resulta insuficiente para solucionar de manera integral cuestiones como los baches, la reparación de la infraestructura vial y otros servicios públicos cruciales, especialmente durante la temporada de lluvias cuando los daños se agravan y la demanda ciudadana se intensifica.
Me lo han comentado una y otra vez distintos Alcaldes, de todos los partidos políticos (recordemos que ya han gobernado Puebla, efectivamente, prácticamente, autoridades emanadas de casi todos los partidos): Uno de los aspectos más notorios del ejercicio presupuestario en Puebla es la proporción significativa que se destina al pago de sueldos, obligaciones, salarios y prestaciones de quienes trabajan en el ayuntamiento. Policías municipales, personal administrativo y operativos de diferentes áreas reciben la mayor parte de los recursos públicos. Esto, aunque necesario para mantener el funcionamiento básico de la administración, deja un margen reducido para invertir en obras públicas, mantenimiento urbano y respuesta a emergencias.
Vamos, nunca habrá presupuesto que alcance, ante las enormes necesidades de la población, multiplicadas en época de lluvias (como ocurre… cada año en Puebla).
Esta llegada de lluvias, puntual, recurrente, inevitable y casi siempre intensa (no recuerdo un solo año desde mi infancia, en que no llueva a cántaros en Puebla, de mayo a octubre), provoca un deterioro acelerado del pavimento en calles y avenidas. Los baches y ya puntuales inundaciones de calles y avenidas, no solo representan un riesgo para la seguridad vial sino que también se convierten en símbolo de una gestión municipal limitada por la falta de recursos suficientes. Las reparaciones, cuando se realizan, siempre son temporales y de corta duración, ya que no hay fondos para soluciones estructurales de largo plazo.
Desde luego habría que agregar la indolencia ciudadana en no pocas zonas de la ciudad, que tira basura y desechos a la vía pública (y a ríos o barrancas) provocando las inundaciones y taponamiento de ríos y arroyos que atraviesan Puebla y causando afectaciones y hasta tragedias que pueden ser evitables o al menos no tan grandes. Vaya, no todo es culpa de la autoridad.
Y es que reitero, no importa cuál sea el partido político que encabece la administración municipal: la gran conclusión para cualquier presidente o presidenta municipal es la misma. El presupuesto nunca parece alcanzar para cubrir las verdaderas necesidades de la ciudad. La presión por cubrir la nómina y las obligaciones laborales deja poco espacio para la inversión, la innovación y la mejora real de los servicios públicos.
Mientras el municipio no encuentre nuevas fuentes de ingreso (puuufff, viejo reto casi imposible de resolver, cuando la realidad es que muchísima población simplemente NO paga el impuesto predial ni otros derechos municipales) o no se redefinan prioridades de gasto, la insuficiencia presupuestaria continuará marcando el rumbo de la gestión pública. La ciudadanía, por su parte, seguirá exigiendo soluciones a problemas como baches, alumbrado, drenaje y seguridad, inconsciente -de buena o mala fe- de que el presupuesto, tal como está estructurado, parece condenado a ser insuficiente.
El caso de Puebla, pues, es ilustrativo de una problemática que atraviesa a muchos municipios del país. La combinación de cargas laborales, demandas sociales y recursos limitados plantea un escenario complejo, donde cada temporada de lluvias evidencia las carencias y pone a prueba la capacidad de respuesta de las autoridades locales. Al final, la gran conclusión se mantiene: no hay presupuesto que alcance, y esto seguirá siendo un reto para cualquier administración municipal, independientemente del partido político en el poder.
No conozco a un solo candidato (a) a Alcalde que no haya tenido buenas intenciones y estupendos planes de desarrollo para un Municipio tan grande y problemático como Puebla, en campañas electorales. La realidad llega cuando gobiernan.
A aplicarse, con inteligencia y ganas. Neta, no hay para dónde hacerse.
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