La columna de Juan Rodolfo Rivera Pacheco
Hace un par de semanas, el triunfo de Péter Magyar en las elecciones de Hungría, venciendo al régimen de 16 años del derechista Viktor Orban, haría pensar, en la lógica simplista, que ahora perdió un gobernante “de derecha” y comienza un régimen de “izquierda”. Y en esa misma “lógica”, el análisis simplista sería que entonces se terminó la “oleada de triunfos de derecha” en el mundo, patrocinados por Donald Trump y ahora empieza una “oleada de izquierda”.
Pero el anterior es un análisis incompleto y -reitero- simplista.
De entrada, porque Magyar no es un político de izquierda. Proviene del mismo grupo político de Orban, pero se identifica más con políticas de centro y mucho más cercanas a la socialdemocracia contemporánea, además de buscar más la integración a la Unión Europea y la tolerancia a las ideologías woke y pro migrantes.
¿Qué pasó entonces en Hungría? Pues que ganó la alternancia. Con un político joven, que convenció a los jóvenes usuarios de redes y mucho menos cercanos a las viejas ideologías partidistas.
Lo mismo que ha venido sucediendo en no pocos países europeos y latinoamericanos. A veces gana un candidato de “derecha”, ante el hartazgo de los votantes hacia un gobierno de “izquierda” que permite corrupción o simplemente no cumple todo lo que prometió en campaña, además de que provocan aumento de inflación o bien economías que no crecen o crecen muy poco. Y es exactamente lo mismo que pasa si gana un candidato de “izquierda” a un gobierno más propenso a la “derecha” (mismos errores y excesos).
Repito, lo que gana es la alternancia. La gente cada vez está más enterada de lo que hacen y dejan de hacer los gobernantes y ya es poco tolerante a las promesas no cumplidas de campaña de los aburridos partidos. Hoy, la mayoría de electores vota más en contra de un gobierno que a favor de una propuesta de partido. Y ese voto “de castigo” saca a los de derecha y a los de izquierda por igual. Porque gobiernos malos y corruptos los hay de los dos bandos, no se hagan.
Ahora sí, traslademos este análisis a México.
Nuestra democracia es joven aún. Apenas cumplimos (en 2024) 200 años de “República Constitucional” pero con todo un siglo (XIX) de inestabilidad, guerras civiles, invasiones extranjeras y pérdida de territorios, y otro (siglo XX) con una Revolución (otra guerra civil terrible) que llevó al poder a un partido hegemónico que nunca fue realmente propulsor de la democracia. Vaya, apenas hace 26 años (año 2000) tenemos alternancia real en la Presidencia de la República.
Y por eso debemos entender que en un régimen verdaderamente democrático, desde la perspectiva contemporánea, a veces ganará un partido, la gente evaluará con puntualidad su gestión gubernamental y, si tuvo errores o excesos… esa misma gente buscará el cambio de partido en el gobierno.
La gente se hartó del PRI en el primer momento de nuestra transición democrática. El PAN gobernó 12 años pero simplemente desencantó a los mexicanos porque no huno el cambio prometido y… regresó el “nuevo PRI”. Éste desilusionó muy pronto porque sus gobernantes cometieron las mismas torpezas y excesos del pasado y finalmente ganó una “tercera vía”, MORENA, encabezada por ex militantes del PRI, por cierto (nacional y localmente).
MORENA cumplirá 9 años de gestión federal en 2027. ¿La mayoría de la población está contenta con sus gobiernos? Ya lo veremos en las urnas. Hoy, sigue contando con las preferencias electorales mayoritarias pero… ya se empieza a generar desgaste en sus Gobernadores en varios Estados y desde luego en su gestión presidencial y eso puede hacerlo perder la mayoría de Diputados en el Congreso de la Unión (a la par de dos o tres Gubernaturas, probablemente).
¿Ganará MORENA y su candidato/a en 2030? No lo sabemos realmente. Faltan más de 4 años para que se verifique esa elección. En ese tiempo pueden suceder demasiadas cosas.
La pregunta es si surgirá algún político novedoso, al más puro estilo de Magyar en Hungría, que convenza a la mayoría de los votantes que ahora sí, él encabezará un gobierno “diferente”. ¿Los jóvenes por quién votarán? ¿Por los mismos de siempre? ¿Buscarán algo nuevo? ¿Ganará ahora “la derecha” o “centro derecha” después de que la “izquierda” no fue tan diferente como habían prometido y no se cansan de pregonar?
Reitero, aún no lo sabemos. Tendremos que ir midiendo, desde luego. Pero gane quien gane, tendrá que gobernar muy, muy bien. Porque la alternancia siempre, ya siempre, está al achecho. Y la verdad qué bueno. Eso queríamos. Democracia, le dicen.
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