También se hizo una importante distinción entre mantener una buena relación profesional.

Redacción Los Conjurados

En el ejercicio del periodismo, uno de los debates más recurrentes es la posibilidad real y ética de una amistad entre periodistas y políticos. Durante una entrevista con destacadas periodistas y directoras de medios, se profundizó en las implicaciones que este vínculo puede tener para la credibilidad y la independencia informativa.

Las entrevistadas coincidieron en que, idealmente, no debería existir una amistad verdadera entre un periodista y un funcionario público. “Si ya los conviertes en amigos, dejas de escribir de ellos”, señaló una de ellas, apuntando a que la imparcialidad se ve amenazada cuando el vínculo personal se fortalece. En estos casos, lo más ético sería que el periodista se retire de la cobertura o deje de tratar temas relacionados con esa persona para evitar conflictos de interés.

También se hizo una importante distinción entre mantener una buena relación profesional, basada en el respeto y la comunicación fluida, y caer en la complicidad, donde hay favores o beneficios de por medio, como el conocido “chayote” o acuerdos para suavizar la información. Esta última situación, indicaron, compromete gravemente la ética periodística y la confianza del público.

“En una verdadera amistad no debería existir el interés económico o el encubrimiento de actos ilegales. Si tu amigo político comete un acto ilícito, ¿te atreverías a denunciarlo con la misma fuerza que a alguien sin vínculo personal?”, cuestionaron.

Finalmente, se reconoció que mantener distancia profesional, aunque cordial, es clave para conservar la credibilidad y la función social del periodismo. La línea que separa la amistad de la complicidad es delgada, pero fundamental para garantizar un ejercicio periodístico ético y responsable.