La columna de Erika Rivero Almazán

Era el trienio de Leoncio Paisano en San Andrés Cholula, y ya Víctor Pinzón era muy “recomendado” en el gremio de la construcción, pues si un empresario quería obra, debía de pasar forzosamente por la aprobación de Pinzón.

¿Por qué?

Por que el modus operandi de este ladrón es hacer amarres en lo oscurito con funcionarios públicos de dudosa reputación (incluidos alcaldes) para que, de la obra pública que le conceda el funcionario en turno, Pinzón pueda “reasignarla” al constructor que mejor pague el moche.

A todas luces, ilegal.

Pero fácil.

Rápido.

Seguro.

Sobre todo para Pinzón (ya sabemos la suerte que corrió Paisano): se cuidó de no estar integrado en la nómina al no ser servidor público, y al mismo tiempo, al “traspasar” la obra, no es el responsable legal de nada, y por lo tanto, no veremos su firma en ninguna obra).

Pinzón sale limpio.

Violando todos los reglamentos de la ley transparencia en el momento de la asignación de obra pública municipal, por supuesto.

Un ladón de cuello blanco.

Y lo peor: es el típico sujeto que aprovecha la marca PAN para abrirse las puertas entre los militantes, los candidatos, o los servidores públicos que emanen de ese partido para sacar provecho.

La jugada le salió muy bien en su momento: lo tuvo todo: departamento en Miami, yate, autos, relaciones políticas… y un sinfín de excesos.

Así funcionó una fructífera relación para los interesados, pero Pinzón, sin arriesgarse.

Pero lo que sí ocurrió fue que en los últimos 30 años perdió amigos, colegas, socios, y hasta cómplices: se hizo de una nefasta reputación, sobre todo en el gremio de la construcción y en los políticos más reconocidos y serios del PAN y del sector empresarial, a quienes timó de todas las formas: prometiendo obra pública “de su amigo el presidente”, y pidiendo “adelantos” para irse con el dinero, sin dar menos explicación.

Sólo los ingenuos o que no lo conocen bien le extienden la mano para saludarlo.

La mayoría, le saca la vuelta.

Lo desprecia.

Muchos se tragaron la indignación y el coraje.

No podían demandarlo: no hay nada que pruebe sus chantajes y raterías.

Pero a los charlatanes se les va acabando el dinero, y necesitan más.

Y requieren de volver a robar.

Actualmente, Víctor Pinzón perdió muchos bienes, y vive de prestado.

Para nadie es un secreto que derrochó las glorias de antaño en, digamos, todo tipo de excesos y frivolidades.

Pero algunas veces, la astucia no es suficiente y los ladrones dejan sus huellas en el camino.

Como la grabación en la entrega pasada de Los Conjurados, y ahora con una nueva, en donde conversa con unos constructores en la cual reconoce que reparte obra pública de Leo Paisano: “Hace 6 meses yo les doy la obra que me dio Paisano, en la calle…”.

O bien, desde el 2007, Víctor Pinzón ha revendido y revendido un departamento a su nombre ubicado en la calle Kepler num 400 de la colonia Les Tours D Argent, con una superficie total de 226 metros cuadrados.

Los defraudados son más de 20.

Lo que ha acreditado 3 hipotecas y 3 embargos, tras la dictaminación de un juez que lo acusó de fraude, tal y como se muestra en los documentos del Registro Público de la Propiedad.

El departamento corre con una hipoteca en el 2007, otra en el 2013, otra en el 2018; y la cosa se puso peor en el ése año porque recopiló su primer embargo, una vez que el juez dictaminó a Víctor Pinzón por fraude, lo mismo ocurrió por parte de otro juez, en el 2019 acusándolo de fraude y una tercera vez en el 2020.

Más lo que se acumule en el camino.

Y por si fuera poco, Víctor Pinzón sigue vendiendo esta propiedad: afuera de este departamento, valuado aproximadamente en 8 millones, sigue el letrero de “se vende”, para el próximo ingenuo que intente robarle, siempre con el escudo de que “sus amigos importantes del PAN”.

Acá les dejo el número de teléfono para quien quiera comprobarlo (2228787148).

Pero por favor, no se deje timar por este ladrón con promesas de “yo te consigo una obra, yo te vendo un departamento increíble, te invito a asociarte en un negocio buenísimo, sólo necesito un adelanto…”.

Si puede, evite a este pájaro de cuenta.

Y si se lo topa de frente, sólo cuide su cartera.

Por favor.