El salón de belleza del Senado de la República, clausurado en 2018 por considerarse símbolo de privilegios, opera nuevamente de forma discreta desde hace meses en la actual Legislatura (LXVI), y volvió al centro del debate tras el video viral de la senadora Juanita Guerra Mena (PVEM) recibiendo un tinte durante una sesión plenaria.
Ubicado en el segundo piso del complejo legislativo de Reforma e Insurgentes, sin letrero ni número visible, el espacio funciona solo en días de sesión (martes y miércoles, de 7:00 a 14:00 horas) y ofrece tinte, peinado, maquillaje y manicura. Testimonios señalan que es utilizado principalmente por senadoras de Morena, PVEM y PT, y que su reapertura habría sido impulsada por legisladoras provenientes de San Lázaro.
La presidenta de la Mesa Directiva, Laura Itzel Castillo (Morena), defendió el servicio al asegurar que cada usuaria paga de su bolsillo y que no se trata de un privilegio, sino de una facilidad para “verse presentables” ante el pleno.
Sin embargo, el 4 de febrero de 2026, tras la difusión del video por Reforma y otros medios, personal de resguardo colocó sellos de clausura por instrucción del área de Servicios. Horas después, los sellos fueron retirados, dejando al salón sin cierre definitivo, y con versiones que apuntan a que podría operar nuevamente el próximo martes.
La controversia creció con revelaciones de compras por 194 mil pesos en artículos de belleza con recursos públicos en 2024, presuntamente para el Canal del Congreso, lo que contradice la narrativa de pago personal y abrió dudas sobre posibles sobreprecios.
Desde la oposición, Lilly Téllez y Xóchitl Gálvez exigieron auditoría, transparencia y cierre definitivo, mientras que voces oficialistas calificaron las críticas de misóginas. En redes y medios nacionales, el caso sigue en tendencia como emblema de las contradicciones de la austeridad.







