El planeta vivió una inusual cadena de movimientos telúricos durante el 24 de junio, con cuatro sismos de magnitud considerable registrados en menos de un día en América y Asia.
La secuencia comenzó en California, donde un temblor de magnitud 5.6 tuvo como epicentro la región de Redwood Valley. El movimiento dejó afectaciones menores y algunos cortes eléctricos, sin consecuencias graves.
Sin embargo, la situación más crítica se presentó en Venezuela. Dos potentes terremotos, de magnitudes 7.1 y 7.5, sacudieron la costa norte del país con apenas 39 segundos de diferencia, causando severos daños en Caracas y otras ciudades.
Los reportes preliminares hablan de decenas de víctimas mortales, cientos de lesionados y numerosas estructuras afectadas. La emergencia obligó a activar protocolos de protección civil y una alerta de tsunami que más tarde fue desactivada.
Poco después, Japón registró un sismo de magnitud 6.9 frente a la prefectura de Iwate. Aunque el movimiento fue fuerte, las autoridades descartaron riesgos mayores y no informaron daños significativos.
Expertos en geología han aclarado que estos eventos no están conectados entre sí. A pesar de la coincidencia en tiempo, forman parte de la actividad sísmica natural que ocurre diariamente en distintas regiones del mundo.









