La diputada local del PRI en Puebla, Delfina Pozos, se pronunció sobre la salida de Blanca Alcalá Ruiz del Partido Revolucionario Institucional, al señalar que se trata de una decisión personal que debe ser respetada, aunque subrayó que la prioridad para los partidos políticos debe ser dar resultados a la ciudadanía y no centrarse en disputas internas.

En entrevista para el programa Los Conjurados, la legisladora evitó descalificaciones y sostuvo que cada actor político tiene razones propias para tomar decisiones de ese tipo. “Son decisiones personales que se respetan. Ella sabrá cuáles fueron sus motivos”, expresó al referirse a la salida de la exdirigente y exsenadora del tricolor.

Pozos señaló que, más allá de nombres o trayectorias individuales, lo que hoy demanda la ciudadanía es trabajo, resultados y cercanía, en un contexto marcado por la desconfianza hacia la clase política. Indicó que la credibilidad de los partidos se ha visto erosionada porque muchos actores se pierden en el poder y se alejan de la esencia del servicio público.

Al ser cuestionada sobre el impacto que podría tener la salida de Blanca Alcalá dentro del PRI, la diputada afirmó que el partido no depende de una sola figura, y sostuvo que la institución debe mantenerse y fortalecerse con quienes realmente estén dispuestos a trabajar por las causas ciudadanas. “El PRI sigue siendo el PRI”, afirmó, al destacar que hay militantes que continúan comprometidos con el partido.

Asimismo, reconoció que existe un desgaste generalizado en todas las fuerzas políticas, incluyendo Morena y sus aliados, cuyos resultados —dijo— están siendo evaluados por la ciudadanía en temas como seguridad, salud y gobernabilidad. En ese escenario, consideró que el PRI debe convertirse en un espacio receptivo para quienes buscan una alternativa política seria y responsable.

Finalmente, Delfina Pozos reiteró que su compromiso es con los ciudadanos que la eligieron y no con disputas internas o reacomodos políticos. Subrayó que la reconstrucción de la confianza pasa por abandonar discursos vacíos y demostrar, con hechos, que la política puede volver a tener una dimensión humana y de servicio público.