Más allá del sabor, el pan de muerto es un símbolo de unión familiar y de respeto hacia los difuntos. Su elaboración y consumo forman parte de una costumbre que, año con año, fortalece la identidad cultural poblana y mexicana.
Redacción Los Conjurados
Puebla da la bienvenida a la temporada de Día de Muertos con uno de sus mayores símbolos culinarios: el pan de muerto, también conocido como hojaldra. En panaderías y pastelerías de toda la ciudad, el aroma a mantequilla, naranja y azúcar comienza a inundar las calles, marcando el inicio de una de las tradiciones más esperadas del año.
La producción del pan de muerto se vive con entusiasmo y dedicación. Desde las primeras horas del día, equipos de panaderos elabora decenas de piezas que mezclan lo tradicional con la innovación, ofreciendo una amplia variedad de sabores para todos los gustos.
En algunos lugares, el menú de esta reconocida panadería poblana es de más de 20 sabores diferentes, entre los que destacan la hojaldra tradicional, doble chocolate, mandarina, guayaba, pay de limón, mazapán, frutos rojos, camote, algodón de azúcar, flor de cempasúchil y rompope.
Los precios varían desde $7 hasta $50 pesos, dependiendo del tamaño y tipo de pan, lo que permite a las familias disfrutar de esta tradición sin afectar su economía.
Más allá del sabor, el pan de muerto es un símbolo de unión familiar y de respeto hacia los difuntos. Su elaboración y consumo forman parte de una costumbre que, año con año, fortalece la identidad cultural poblana y mexicana.
Con su inconfundible aroma y su presencia en las ofrendas, el pan de muerto reafirma que en Puebla, las tradiciones no solo se preservan: se reinventan con el toque artesanal que distingue a su gente.








