La salud mental de niñas, niños y adolescentes no puede atenderse únicamente desde un consultorio, pues factores como la violencia, el entorno familiar, el bullying, las condiciones económicas y la falta de espacios seguros también influyen en el bienestar emocional, señaló Umi Choda, directora del Centro Poblano de Salud Mental Integral para Niños, Niñas y Adolescentes (Ceposami).
Durante una entrevista con Erika Rivero Almazán en Los Conjurados, Choda explicó que, a casi un año de que el Ceposami inició operaciones —el 22 de septiembre de 2025—, la demanda de atención ha permitido confirmar la necesidad de contar con servicios especializados para este sector de la población.
La especialista destacó que el modelo del centro busca ofrecer una atención integral, en la que participan diferentes áreas médicas y psicológicas, pero también se analiza el contexto en el que se desarrolla cada paciente.
“La salud mental no se da en el vacío”, explicó, al señalar que situaciones como violencia familiar, abuso sexual, violencia psicológica, bullying, vulnerabilidad económica o falta de escolarización pueden formar parte de los factores que afectan a niñas, niños y adolescentes.
En los casos de mayor gravedad que llegan al área de observación intensiva, particularmente aquellos relacionados con riesgos de autolesión, la violencia aparece como uno de los factores comunes detectados por el personal especializado.
Cuestiona el concepto de “generación de cristal”
Umi Choda también rechazó el uso del término “generación de cristal” para referirse a las nuevas generaciones, al considerar que esta expresión puede simplificar un problema que tiene múltiples causas.
Explicó que las emociones siempre han estado presentes en las personas y que el hecho de que actualmente exista mayor capacidad para identificarlas y expresarlas no significa que niñas, niños y adolescentes sean más débiles.
Incluso, llamó a los adultos a revisar las condiciones en las que están creciendo las nuevas generaciones antes de responsabilizarlas exclusivamente por sus dificultades emocionales.
En este sentido, reconoció que las redes sociales tienen un impacto importante, pero advirtió que no son el único factor. También consideró necesario generar espacios públicos seguros para que los jóvenes puedan convivir presencialmente y desarrollar vínculos sociales saludables.
Límites y disciplina también forman parte de una crianza saludable
Respecto a la crianza, la directora del Ceposami sostuvo que establecer límites no es contrario a validar las emociones de los menores.
“Los límites son amor porque los límites son certeza”, afirmó, al explicar que un padre puede mantener una regla sin recurrir a gritos, humillaciones o descalificaciones.
Como ejemplo, señaló que un niño puede sentirse frustrado porque se terminó el tiempo frente a una pantalla, pero eso no significa que los padres deban modificar el límite establecido. Al mismo tiempo, la emoción del menor puede ser reconocida y acompañada.
Choda también llamó a los adultos a enseñar mediante el ejemplo, pues consideró contradictorio exigir a un niño que no grite mientras el propio adulto utiliza los gritos para resolver una situación.
Ceposami busca ampliar la prevención
La directora informó que uno de los trabajos que ya desarrolla el centro es la capacitación de psicólogos de los DIF municipales para que puedan identificar problemas de salud mental, realizar una valoración inicial y canalizar a los pacientes hacia la institución correspondiente.
Además, señaló que Ceposami ofrece capacitaciones gratuitas a escuelas que las solicitan, siempre que exista disponibilidad de los especialistas.
Otro de los objetivos es visibilizar condiciones como las altas capacidades, que pueden formar parte de la neurodivergencia, para favorecer que quienes las presentan tengan acceso a espacios adecuados para su desarrollo.
Finalmente, Choda subrayó que uno de los mayores retos continúa siendo reducir la brecha de acceso a los servicios de salud mental, pues no basta con contar con instalaciones especializadas si las familias enfrentan dificultades económicas, laborales, de traslado o de acompañamiento para llevar a un menor a recibir atención.
La especialista llamó a padres, docentes e instituciones a involucrarse en la prevención y atención de la salud mental, al considerar que el bienestar emocional de niñas, niños y adolescentes es una responsabilidad colectiva.










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