La columna de Erika Rivero Almazán
Se suele comparar el nacimiento de un hijo, con el nacimiento de un libro.
Y bueno, pues a este hijo le costó más de 3 años nacer.
¿Cómo nace Polifonía Femenina?
Un libro siempre será la respuesta a una necesidad: era una tarde lluviosa y triste en medio de la pandemia.
En lo personal, eran momentos aciagos: yo, como muchos otros periodistas, éramos perseguidos y vetados por el gobierno de Miguel Barbosa, para otros, sus empresas se venían a pique, otros más perdían sus empleos, pero todos perdimos el contacto físico y nos recluimos en nuestros hogares. Los menos afortunados, vivíamos el infierno de perder a seres queridos por Covid: mi abuela, hermosa y vital, se extinguió en semanas. La última vez que la vi fue de lejos, cuando los camilleros la subían a la ambulancia. Conduje de detrás de ella, siguiendo su espantosa sirena en medio de la noche, quebrándome el corazón.
Y en esa atmósfera letal para todos, todavía era peor para las mujeres: desde cualquier ángulo que quisiéramos verlo.
Tengo la fortuna de contar, ya desde hace unas décadas, con una hermana por elección: Celina Peña Guzmán. Nuestras familias se reunían para conversar, debatir sobre libros, cocinar las recetas complicadas de las herencias familiares, y en una de esas tardes de café y zozobra, en la que no veíamos una salida y todo era obscuro, nació Polifonía Femenina.
El propósito no sólo era contar historias inmencionables, inconfesables para mujeres poblanas que callan por miedo, vergüenza o costumbre: el reto era revelar con absoluta sinceridad cuáles eran nuestras sombras, dolores, preocupaciones, esas que las mujeres sabemos sumergir en el fondo del mar para salir adelante, pero que ahí están, perennes, y si no las reconocemos y resolvemos, pueden convertirse en una peligrosa ancla que nos impida avanzar.
Fue así como esos meses aciagos se convirtieron en creatividad y trabajo.
Empecé otra vez a respirar.
La primera en conocer el proyecto fue Aurora Sierra, en ese momento diputada local que construía desde sus cimientos la Ley Vicaria para Puebla.
Como muchos, admiré siempre a Aurora, por su valor, su entrega, fuerza, temperamento, rectitud, su inquebrantable vocación para darse a los demás.
No era una política tradicional, y por eso, brillaba como lo hacía.
Y también por eso, pagó un alto precio.
Fue la primera en decir “sí”.
Como ella, otras mujeres se unieron al proyecto: dedicaron su tiempo, esfuerzo, expertis, y les puedo asegurar que muchas lágrimas e incertidumbre. No es fácil reflejarte al espejo y contar con absoluta honestidad lo que ves.
Cuando ya tuvimos todos los trabajos en nuestras manos, fue una sorpresa: por fin, ahí estaba la luz del faro para guiarnos, esa luz que anhelábamos ver en esos momentos de obscuridad.
Gracias a todas y todos los que creyeron en este proyecto.
Gracias por este enorme esfuerzo, no sólo de las autoras, sino de quienes hicieron posible que la versión impresa y digital esté hoy en sus manos. Gracias a la BUAP y a la rectora Lily Cedillo.
Gracias Aurora Sierra por el maravilloso legado que dejaste para Puebla. Que muchos legisladores sigan tu ejemplo.
Gracias a nuestras familias.
Mi familia: a mi mamá Gabriela, mi papá Toño, y a mi hijita, Allegra, la que me inspira y motiva con sólo su hermosa existencia; a los amigos, que son el soporte de todo. A mi hermana por elección, Celina.
Gracias a ustedes, que asistieron a la presentación del Libro en el marco de la Feria Nacional del Libro 2025, que leen estas líneas, que pueden darle una oportunidad a muchas mujeres de contar su historia… y creerles.
Polifonía femenina es un libro que puede parecer severo, crudo en ocasiones, porque visibiliza una realidad que nos negamos a reconocer, pero también es una obra que celebra la vida y lleva en sus páginas la esperanza de un mundo mejor para las mujeres de las siguientes generaciones.
Porque lo merecen.





