La Columna de Érika Rivero Almazán
La Constancia Mexicana es una joya del patrimonio industrial de la humanidad que, aunque parezca increíble, se encuentra en riesgo de perderse para siempre.
Es como estar sentado en un billete de lotería y no cobrarlo.
O, peor aún, no darse cuenta de que estás sentado sobre él.
Este inmueble alberga una de las primeras fábricas textiles de América Latina que funcionó con un mecanismo hidráulico. En 1835, esta tecnología representó una auténtica innovación y convirtió a Puebla en un referente de la modernización industrial del país y del continente.
Sin embargo, casi dos siglos después, este espacio histórico permanece en el abandono.
Entre 2004 y 2012, La Constancia Mexicana salió por la puerta de atrás de manera vergonzosa al ser eliminada de la Lista Indicativa de la UNESCO, donde figuraba como candidata a convertirse en Patrimonio Mundial.
Ese reconocimiento nunca llegó.
Las intervenciones improvisadas, apresuradas y poco afortunadas de distintos gobiernos provocaron que este inmueble quedara fuera de la ruta hacia ese reconocimiento internacional. Aun así, todavía existe la posibilidad de rescatarlo.
Un primer paso que representó una bocanada de aire fresco fue la decisión del gobernador Alejandro Armenta, quien el 7 de marzo de 2025 impulsó la primera fase del Museo Textil. Ese mismo día, el Congreso del Estado instituyó el 7 de marzo como el Día del Trabajador Textil, en reconocimiento a la comunidad poblana que, a través de esta industria, forjó parte de la identidad histórica de la ciudad.
Pero con la llegada del 7 de marzo de este año, el Congreso olvidó su propio compromiso. La conmemoración pasó inadvertida y también quedó pendiente la continuación del proyecto para construir el Museo Textil, una iniciativa esperada desde hace décadas.
Hoy, La Constancia Mexicana enfrenta nuevamente el riesgo de quedar relegada ante la llegada de nuevos funcionarios a áreas estratégicas, como Museos de Puebla o la propia administración del recinto, quienes, de acuerdo con especialistas y defensores del patrimonio, carecen de la visión, la capacidad y la voluntad necesarias para impulsar un rescate integral de este espacio único.
Pura improvisación.
Y el problema no termina ahí. Al menos otros seis museos de Puebla enfrentan una situación similar, con el riesgo de perder parte del legado histórico que resguardan y que forma parte de la memoria cultural del estado.
Hace falta una visión fresca, profesional y comprometida para las instituciones encargadas de los museos de Puebla, así como una dirección seria para La Constancia Mexicana.
El rescate de este patrimonio no solo compete a los poblanos; es una responsabilidad con la historia y con la humanidad.







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