La columna de Erika Rivero Almazán
Les tengo una verdad que seguramente no va a gustar, pero es momento de asumirla de una vez. Aunque, como casi todo, también viene acompañada de una buena noticia.
Ahí les va el trago amargo: el problema de los baches en la capital poblana y la zona conurbada no se va a resolver al 100% ni en esta administración ni en las próximas cinco que administraciones municipales que lleguen.
Así de complicado es el panorama.
De esto nos habló en Los Conjurados el regidor presidente de la Comisión de Infraestructura, Leobarado Rodríguez Juárez, quien explicó que esta situación es consecuencia de décadas de abandono, incapacidad y corrupción.
Durante años no existió un mantenimiento adecuado de las vialidades y, en los últimos tres años el deterioro simplemente terminó por rebasarnos.
El pavimento llegó a su límite.
Y aquí viene uno de los datos más reveladores: en Puebla no existe un programa integral de mantenimiento calle por calle. No hay una planeación que determine qué vialidades requieren intervención, cuándo deben recibir mantenimiento preventivo y con qué frecuencia. Lo que en muchas ciudades ya es una práctica común, aquí simplemente no se había implementado.
Ahora sí, la buena noticia.
Hoy existe tecnología que hace veinte años no estaba disponible: los llamados trenes de pavimentación. Se trata de maquinaria mucho más eficiente, rápida y capaz de realizar trabajos de mejor calidad, lo que permitiría que las calles rehabilitadas tengan una mayor vida útil y no comiencen a deteriorarse apenas unos meses después de haber sido intervenidas.
Además, se trabaja en la creación de un verdadero plan de mantenimiento vial, con un esquema estructurado que identifique cada calle, establezca cuándo necesita conservación y permita programar los recursos con anticipación.
Esto también significará un mejor uso del presupuesto, ya que los recursos podrán etiquetarse de manera específica para el mantenimiento preventivo y no únicamente para atender emergencias.
Actualmente existen alrededor de mil 500 millones de pesos para atender cerca de 15 mil calles, una cifra que deja claro el enorme reto que enfrenta la ciudad.
Y aún así, será insuficiente.
Hay motivos para pensar que las cosas pueden mejorar en el futuro. Pero mientras ese cambio llega, ¿Quién nos quita sabor del trago amargo?







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