La columna de Erika Rivero Almazán
Dante Delgado llamó al celular de Tony Gali Fayad una mañana del primer domingo de marzo: vamos a platicar amigo, le dijo con la camadería que se acuña con las décadas de amistad.
El cafecito resultó una bomba: Dante le contó al exgobernador su proyecto 2030 para llevar a Movimiento Ciudadano a la presidencia de la República. Hasta ahí todo sin novedad: hasta que le dijo que dentro del mapeo nacional, había tomado en cuenta a su amigo para el estado de Puebla.
Y ahí si explotó la bomba.
Porque la invitación incluía la participación de Tony no solo como liderazgo, la estructura y movilización de MC, sino integrarlo en la boleta del 2027.
Que lo iba a pensar, le dijo.
Pero la verdad es que movió su tablero personal.
Lo consultó con su esposa Dinorah, y sus hijos? Sobre todo Tony junior, diputado federal por el verde.
El segundo cafecito fue en Puebla, ya Gali como anfitrión y el tercero en Cdmex, a principios de junio. Ahí Tony conoció a la plana mayor del partido naranja e hizo migas con Jorge Alvarez Máynez.
El resto ya es historia conocida.
Mesurado, correcto, respetuoso, asertivo, así se maneja Tony Gali en la política, respetando protocolos y reglas no escritas, como llamar al gobernador Alejandro Armenta para darle a conocer la primicia.
Por poner un ejemplo.
¿Qué viene para Tony Gali?
Aún no se sabe.
Porque depende de varios factores: resultados, poder de convocatoria, multiplicar el número de militancia partidista, sondeos y encuestas… y entonces si: diputación federal, mas adelante el senado (ya no puede ser gobernador) o la mismísima presidencia municipal de Puebla.
Aunque Tony lo haya negado en muchas entrevistas.
Claro que iría.
Depende del proyecto nacional de MC.
Esa cancha y ese juego no es local.
Y no irá solo: la sangre siempre llama.
Siempre.
Al tiempo.









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