La lucha por los derechos de las mujeres en México enfrenta no solo obstáculos culturales y sociales, sino también deficiencias estructurales en la impartición de justicia, advierten expertas en la materia. En una reciente entrevista, Caro Fernández, Elvia Cruz y Lydia Cumming coincidieron en que la violencia de género persiste debido a la combinación de un patriarcado arraigado y un sistema judicial que falla en proteger a las víctimas.
Fernández señaló que, aunque se han ganado espacios importantes y se han roto varios “techos de cristal”, las mujeres aún enfrentan lo que ella llama “abismos de cristal”, es decir, las dificultades de mantenerse en puestos de decisión frente a estructuras de poder dominadas por hombres. “El patriarcado sigue muy presente en los hilos que mueven este mundo: los hombres gobiernan, controlan la información y la tecnología, incluida la inteligencia artificial. Mientras ellos sigan en el poder, la lucha será constante”, afirmó.
Por su parte, Elvia Cruz resaltó que la educación en valores y el ejemplo en la familia son esenciales para prevenir la violencia y promover la igualdad de género desde edades tempranas. Explicó que formar a hijos e hijas con respeto mutuo y conciencia de derechos es clave, pero que esto debe complementarse con un sistema judicial que funcione.
En este sentido, Cumming enfatizó que las leyes existentes no son suficientes si no se aplican con eficacia: “Faltan leyes mejor realizadas y una impartición de justicia oportuna. Los congresos, los diputados y el poder judicial deben cumplir su trabajo para proteger a todas las personas, sin importar género”.
El caso reciente de un joven que se hizo pasar por “aliado feminista” y cuya exposición en redes sociales polarizó a la opinión pública, ejemplifica el poder de las redes sociales frente a la justicia formal, que muchas veces es lenta o insuficiente. Las entrevistadas coincidieron en que la labor de los comunicadores y activistas es investigar, visibilizar y educar, pero reconocen que no pueden controlar la inmediatez ni la distorsión de la información en plataformas digitales.
El mensaje central de la conversación es claro: aunque se han logrado avances significativos, la violencia de género no se reducirá sin una justicia eficiente y sin la participación activa de la sociedad, desde la educación familiar hasta la presión para que las autoridades cumplan con su deber. Las especialistas recalcaron que el feminismo no está en contra de los hombres, sino en contra del machismo y la injusticia estructural que perpetúa la desigualdad.
Finalmente, coincidieron en que el camino hacia la igualdad requiere de sororidad, apoyo comunitario y un compromiso sostenido para garantizar que las próximas generaciones de mujeres puedan vivir sin miedo y con oportunidades reales de desarrollo. “Hemos dejado un camino más libre para nuestras hijas. Ellas vienen mucho más despiertas y receptivas, y eso nos da esperanza”, concluyeron.












