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La columna de Erika Rivero Almazán

“Eduardo Rivera no tiene todo el poder en el PAN, aún con la dirigencia: no hizo el trabajo político de acercarse a los diputados del PAN para explicarles su propuesta, siempre mandó intermediarios (Pablo Montiel) y al final, no quiso asumir el costo político que implicaba el DAP”: Eduardo Alcántara Montiel. (Los Conjurados 3.01.22)

Así lo aclaró en entrevista el aún coordinador de la bancada panista en el Congreso, excolaborador de primera fila de Eduardo Rivera, actual amigo y operador de Genoveva Huerta y en quien al final, recayó “la defensa” del famoso DAP, Derecho de Alumbrado Público que la mayor parte de los poblanos no sabíamos que teníamos.

La historia del DAP es larga y tortuosa por sus argumentos legales, pero en síntesis se convirtió en un arma política que cada grupo y partido utilizó para sí.

Con todo y la venia del gobernador Luis Miguel Barbosa para que el alcalde panista obtuviera los beneficios de recibir el cobro del DAP (casi 140 millones de pesos para la capital), y que los diputados morenistas y priístas estaban de acuerdo en seguir la línea dictada desde Casa Aguayo, el resultado fue un duro revés a Eduardo Rivera y, por consiguiente al PAN: En esa maratónica sesión extraordinaria que se prolongó hasta la madrugada del 24 de diciembre, la mayoría en los diputados rechazaron que los municipios panistas más importantes del estado, Puebla, San Andrés Cholula y San Pedro Cholula, recauden en su ley de ingresos 2022 el cobro del DAP, mientras sí se aprobó el derecho para 144 ayuntamientos que lo habían solicitado, ojo: a raíz de la iniciativa de Eduardo Rivera.

El argumento para dejar fuera a la zona metropolitana panista, presentada por el diputado del PT, José Miguel Octaviano Huerta, fue una minucia, un pretexto: que por tener una “recaudación robusta” no necesitaban al DAP.

Si ya tenía la cena servida en bandeja de plata, ¿qué le faltó al PAN?

Todo se reduce a costos políticos, y como su nombre lo indica, hay que pagar un precio por ellos.

Y nadie quiso hacerlo.

Para empezar, los diputados panistas Mónica Rodríguez Della Vecchia, Aurora Sierra, Guadalupe Leal, Rafael Micalco, Nancy Jiménez y Patricia Valencia, votaron en contra.

Sólo apoyaron la iniciativa del alcalde Rivera el propio Eduardo Alcántara, Oswaldo Jiménez y Karla Rodríguez Palacios.
Mónica Rodríguez lo advirtió en entrevista: “No se me hace apropiado en una situación como la que estamos viviendo que la gente tenga que pagar más por un servicio, y no estoy dispuesta a asumir el costo político por el DAP. De una vez adelanto que mi voto será en contra.”. (Los Conjurados Dic.17.21).

Si ya había una postura clara de, por lo menos, 6 diputados panistas que iban a rechazar la iniciativa de Eduardo Rivera, ¿por qué el ayuntamiento de Puebla no hizo nada para acercarse y negociar con sus compañeros militantes?

Según versiones de los diputados panistas no hubo tal, y el acercamiento fue tibio a través de terceros.

El diputado Alcántara lo respondió así: “la ciudad perdió al no aprobarse el DAP, pero también el PAN, porque está demostrado que ni Eduardo Rivera las tiene todas consigo y que requiere de la bancada de su partido, y al mismo tiempo, nosotros los diputados necesitamos una retroalimentación del alcalde: sólo juntos, unidos y con contrapesos, el partido puede lograr gobiernos fuertes, y con gobiernos fuertes y que den resultados, podremos aspirar electoralmente a un triunfo en el 2024. Pero ahora queda comprobado que no nos alcanza”.

Si el PAN no estuvo dispuesto a pagar el precio del DAP, ¿por qué lo haría el gobernador, MORENA o el PRI?

Fue una solución política a una óptica política.

Esta es la historia del DAP y la prueba no superada del PAN.