En Puebla, uno de cada cuatro suicidios corresponde a una persona menor de edad, una situación que refleja la importancia de fortalecer la detección y atención de los problemas de salud mental desde la infancia, señaló Umi Choda, directora del Centro Poblano de Salud Mental Integral para Niñas, Niños y Adolescentes (CEPOSAMI).
Durante una entrevista con Erika Rivero para Los Conjurados, Choda explicó que el suicidio en niñas, niños y adolescentes no puede atribuirse a una sola causa, pues se trata de un fenómeno multifactorial en el que pueden intervenir factores biológicos, psicológicos y sociales.
La especialista señaló que entre los casos atendidos en CEPOSAMI es frecuente encontrar antecedentes de violencia, bullying, violencia intrafamiliar y situaciones de vulnerabilidad asociadas con la precariedad económica. A ello pueden sumarse factores biológicos o una predisposición que, ante determinadas circunstancias, puede incrementar la vulnerabilidad emocional.
“Una fórmula muy básica es que haya vulnerabilidad y que se sume un detonante”, explicó Choda al referirse a los factores que pueden intervenir en una conducta suicida.
Cambios de conducta pueden ser señales de alerta
Ante este panorama, la directora de CEPOSAMI llamó a madres y padres de familia a mantenerse atentos a los cambios en el comportamiento de sus hijos.
Explicó que para identificar una alteración es necesario conocer primero cuál es el comportamiento habitual de cada menor, incluyendo sus rutinas de sueño y alimentación, así como sus respuestas emocionales.
Cuando existe una rutina estable, dijo, resulta más sencillo detectar cuándo se presenta un cambio significativo que pueda requerir atención.
En el caso de adolescentes, Choda pidió no asumir que el aislamiento, cambios emocionales o modificaciones en la conducta son necesariamente “normales” por la edad.
No se debe minimizar una expresión suicida
Uno de los principales llamados de la especialista fue a no minimizar las expresiones relacionadas con el suicidio.
Choda señaló que persisten mitos que pueden obstaculizar la prevención, como la creencia de que hablar sobre el suicidio puede incentivar una conducta suicida o que una persona que amenaza con quitarse la vida “no lo hará”.
Por el contrario, sostuvo que cualquier expresión de este tipo debe tomarse con seriedad y ser evaluada.
Si un niño o adolescente dice a sus padres “ya no quiero vivir”, recomendó primero escuchar y preguntar para conocer qué hay detrás de esa expresión. Puede tratarse de una frase utilizada para expresar una situación de angustia o, en otros casos, de una manifestación de una intención real.
Cuando existe una intención suicida, tristeza persistente o un profundo malestar relacionado con las condiciones que enfrenta el menor, la recomendación es buscar atención profesional.
“Validar la emoción” no significa validar la idea
Choda también destacó la importancia de que madres y padres validen las emociones de sus hijos sin reforzar pensamientos negativos.
Explicó que frases como “¿cómo vas a estar triste si tienes todo?” o “tienes que valorar lo que tienes” pueden provocar que el menor se sienta culpable por experimentar determinadas emociones y deje de comunicar lo que está viviendo.
En cambio, recomendó reconocer el sentimiento y transmitir acompañamiento para posteriormente buscar la atención profesional necesaria.
En caso de una crisis, mencionó que existe la Línea de la Vida, 800 911 2000, como una vía de orientación y contención. En Puebla, añadió, CEPOSAMI también puede brindar valoración, contención y seguimiento, de acuerdo con las características de cada caso.
El llamado de la especialista ocurre mientras CEPOSAMI fortalece sus acciones de prevención y atención de la salud mental de niñas, niños y adolescentes. El centro también trabaja en la capacitación de personal de los DIF municipales para ampliar el acceso a atención psicológica en el interior del estado.











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