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La columna de Gabriel Biestro Medinilla

Fue después de la elección de 2018 que lo que durante años había dicho Andrés Manuel López Obrador, se mostraba a la luz: El PRI y el PAN eran lo mismo, representaban lo mismo, tenían los mismos intereses y ninguno de los dos representaba a la ciudadanía, ambos sumidos en sendos escándalos de corrupción estaban amafiados políticamente para no dejar el poder.

En octubre de 2020, iniciando el proceso electoral 2021, uno de los personajes más nocivos para México, Claudio X González anunciaba su organización “Sí por México”, buscando perfiles, y una conformar una fuerza multipartidista que tendría como único fin desterrar al obradorismo del gobierno. Con su emblema abiertamente pinochetista (golpista, podríamos decir), y su meta bien establecida, integrado por personas de dudosa calidad ética que fueron beneficiadas por los 30 años de corrupción neoliberal prianista, se hicieron a la mar política para empezar a buscar a los corsarios que les ayudaran a rescatar “su” botín para 2024.

En diciembre de 2022, bajo este poderoso auspicio, casi a punta de bayoneta, los damnificados de 2018 (PRI, PAN y PRD) firmaron su alianza política, “Va por México”, respaldando abiertamente la agenda del pinochetista “Sí por México”, es decir, el poder económico les impuso hasta el nombre, a una oposición política sin fuerza, desprestigiada y con el repudio de gran parte de la población. Así, iniciaron el camino electoral que les marcaba Claudio X. González.

En su primera escala, en el proceso electoral de 2021, perdieron 12 de 14 estados, solo ganó el PAN en Querétaro y Chihuahua, (el PRI fue por su propia cuenta), y cabe recordar casos como Baja California (donde los tres partidos en conjunto obtuvieron el 11 por ciento y ningún ayuntamiento) o Nayarit (con 17 por ciento de los votos), donde fueron verdaderamente vapuleados.

En 2022 los miembros de la Coalición gritan victoria y festejan como un enorme triunfo por llevarse dos de seis gubernaturas en disputa, de las cuales Durango, más que ganarla por mérito propio, fue por opacidades y falta de visión política por parte de Mario Delgado para que Morena pudiera ganar. Tras esa derrota intentada cantar como triunfo por parte de la Coalición, hasta sus aliados mediáticos como López Dóriga, Loret o Ciro Gómez hicieron crujir esa alianza, sus comentarios de regaño y frustración daban cuenta del enojo, de que su idea no funcionaba y que los planes fundacionales para 2024 estaban muy lejos de cumplirse, era una alianza contradictoria, defectuosa, pero sobre todo disfuncional.

Faltaba poco para que esa alianza, que había nacido muerta y sin ninguna esperanza de tomar vida, se rompiera de manera pública. Los palillos que la mantenían estaban en pie, producto del sentimiento de asumir las derrotas de manera colectiva, pero también sabían que solos les podría ir peor. Sin embargo, las contradicciones de esta sociedad comenzaron a aflorar, los marcados intereses de cada grupo, las enormes y pisables colas que cada integrante tiene y la falta de éxito en sus aventuras electorales conjuntas dieron finalmente en el centro de su muerto corazón. Hoy ese armatoste llamado Va por México está a punto de desaparecer, aunque eso poco impacto pueda tener en la vida electoral de nuestro país.

Gabriel Biestro

@biestro