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La columna de Erika Rivero Almazán

La reunión del reciente viernes entre todos los aspirantes a la alcaldía de Puebla por la 4T era la señal esperada por muchos y que por fin arrojó luz en donde empezaba a esparcirse oscuridad y duda.

Presidido por el propio Alejandro Armenta y los dirigentes de los partidos aliados se habló de trabajar por la unidad, sumar esfuerzos y fortalecer el proyecto del segundo piso de la Cuarta Transformación en Puebla, principalmente en la capital poblana.

Todos estuvieron de acuerdo.

Hasta Alejandro Carvajal, uno de los artífices de la famosa marcha contra Pepe Chedraui, argumentó con voz resignada: “díganme qué tengo que hacer y yo me sumo”.

Otros, con más claridad, aseguraron que era urgente trabajar ya en un proyecto electoral definitivo, es decir, con la definición de quién sería el candidato, y otros más reconocieron ahí mismo que el mejor posicionado era Pepe Chedraui, “sería el perfil más competitivo para ganarle a la oposición”, mencionaron sin recato más de la mitad de los asistentes.

Por cierto, nadie mencionó de incluir a Liz Vilchis en la lista de aspirantes, como trascendió en algunas columnas periodísticas. Ni de manera directa ni velada se expuso ése caso sobre la mesa.

Lo que sí se acordó es que la alianza realizará la encuesta para saber con certeza quién era el mejor candidato de la 4T y que se diera a conocer lo antes posible: es viable esta misma semana, para dar pie a la tranquilidad del proceso, certeza de todos los involucrados: partidos políticos, aspirantes y militancia, así como darle dirección al proceso electoral de la capital.

En pocas palabras: ¿para qué tanto brinco estando el suelo tan parejo?

Todos a favor.

Menos una persona: Claudia Rivera Vivanco.

Nadie daba crédito.

La exalcaldesa, quien apenas también aspiró a la candidatura a la gubernatura, y después a la senaduría, alzó la mano para pedir uso de la palabra.

Se le veía sumamente seria, molesta: soltó con un discurso que amalgamaba indignación, regaño y autoridad salomónica: expuso que en su calidad de representar a la mujer mejor posicionada de Puebla por Morena, exigía a las autoridades de su partido que: “en Puebla se debe aplicar la práctica de igualdad sustantiva, como lo están haciendo en otros estados y que defiende nuestra líder Claudia Sheinbaum”; explicó que si la gubernatura y la senaduría recaen en un hombre, lo más lógico es que la alcaldía de Puebla sea representada por una mujer; o sea, ella: “no veo a otra mujer que la esté pidiendo y que pueda”…

A lo que fue interrumpida por la diputada Nora Merino Escamilla, dado que ella también alzó la mano por esta posición.

Fue así como los acuerdos de unidad, que ya iban caminando, se detuvieron.

La dirigente Olga Romero Garcicrespo explicó a la mesa (no en específico a la inconforme) que en el caso de Puebla, por ser una ciudad “que se había perdido en la pasada elección”, era necesario que se priorizada la competitividad del candidato, y no su género.

Ya sin alzar la mano, Claudia Rivera interrumpió: expuso que Puebla está en peligro de convertirse en un caso nacional por no impulsar candidaturas femeninas, e insisitió en los términos de la “igualdad sustantiva”.

La voz ya era acalorada.

Exigente.

A lo que Alejandro Armenta por fin intervino: “compañera, es momento de escuchar a los demás…”.

Fue así como el diálogo volvió a tener sentido.

Los ánimos se serenaron.

Y se definieron los detalles: todos los partidos de la alianza con Morena aceptaron levantar una encuesta con todos los involucrados y, así mismos, aceptar el resultado de la misma lo antes posible (esta semana) para darle de una vez certidumbre y avance al proyecto electoral. Morena podría agregar un nombre más a la lista (de ahí que se desatara la presunción de Vilchis, pero suena más a una puntada ingeniosa que a una realidad palpable).

Todos los presentes se dieron la mano, se dieron palmaditas y hasta intercambiaron carcajadas (Olga Lucía Romero Garci-Crespo, Agustín Guerrero así como los presidentes del PT, Nueva Alianza, Fuerza por México, y el Verde Ecologista, así como los aspirantes Elisa Molina, Alejandro Carvajal,
Edhalí Moreno, Gabriel Biestro, Iván Herrera, José Luis Ambrosio, Leobardo Rodríguez, Polo de Lara, Alejandro Cruz, Pilar Portillo, Máximo Serdán, Toño López, Rodrigo Abdala, Nora Merino,
Pepe Chedraui y Rafael Ramírez).

Todos, menos una: Claudia Rivera, la única persona que en este proceso intenta irse por “la libre”, asumiendo la protección de la federación, de su mamá, de la esposa del presidente y del aura que asegura protegerla: ser fundadora de Morena.

Y con todo, Claudia Rivera no sólo reclama por derecho la alcaldía, sino posiciones en las candidaturas para sus hermanos, su mamá y su pareja sentimental.

Por eso cabe la pregunta: ¿En serio la familia Rivera Vivanco y agregados sentimentales son tan valiosos para la 4T y para Puebla?

La pompa de jabón está a punto de explotar.