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La columna de Fernando Manzanilla

Para nadie resulta una sorpresa saber que la economía nacional y mundial no se encuentra en su mejor momento y que, por el contrario, cada día parece acercarnos a un panorama más complicado, dadas las condiciones geopolíticas en las que estamos inmersos. 

Por un lado, tenemos más de dos años de padecer una pandemia que no solo enfermó a millones de personas con covid-19, sino que además generó transformaciones sin precedente en las condiciones económicas del planeta por el paro de actividades y la llegada de la “nueva normalidad”. 

Aunado a ello vivimos una época de inminente reestructuración geopolítica en la que las potencias mundiales están cambiando y con ellas una serie de factores, entre los que destacan los comerciales.  

Otro componente importante es sin duda el cambio climático y el calentamiento global, que han alterado la manera de producir una gran cantidad de alimentos. 

Tampoco podemos dejar a un lado los conflictos bélicos que se han generado, como el que actualmente libran Rusia y Ucrania, el cual ha dejado notables estragos no sólo para las familias de estas naciones, ya que estos también repercuten en la economía de los hogares de nuestro país y ciudad.

Un ejemplo de ello es la volatilidad en los precios de los energéticos que se ha elevado a nivel global, así como muchos otros productos, incluidos algunos de la canasta básica. 

Estas condiciones han contribuido para que la inflación general en México se haya acelerado en abril a niveles no vistos en más de 21 años. Tan sólo el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) se ubicó en un 7.68% a tasa interanual, su mayor nivel desde el año 2001, de acuerdo al INEGI. 

Pero más allá de los indicadores necesitamos vislumbrar que en la vida cotidiana estas cifras significan una mayor desigualdad, pobreza y falta de oportunidades para millones de personas a lo largo y ancho del planeta. 

Es por ello que hoy más que nunca necesitamos emprender medidas que nos permitan afrontar este panorama y, desde luego, salir avante como sociedad.

En este sentido se vuelve pertinente hablar de comercio justo, una práctica que se celebra en el calendario el segundo sábado de mayo a nivel mundial y que este año se realizará el 14 de este mes. 

Esta forma de comercio busca integrar y ofrecer mejores oportunidades comerciales a pequeños productores respetando valores como la responsabilidad, un trabajo seguro y el respeto por el medioambiente. 

De acuerdo a la World Fair Trade Organization (WFTO), el comercio justo es una relación comercial, basada en el diálogo, la transparencia y el respeto, que busca una mayor equidad en el comercio internacional. Es así que contribuye al desarrollo sostenible ofreciendo mejores condiciones comerciales y asegurando los derechos de los productores y trabajadores marginados. 

Por lo tanto, este tipo de comercio se orienta hacia un desarrollo integral, que cuente con sustentabilidad ambiental, social y económica, al tiempo que pugna por el respeto a la idiosincrasia de los distintos pueblos, sus costumbres, cultura y los derechos humanos.

En México esta práctica ha estado muy vinculada a los productores de café, té, miel, cacao, azúcar y de distintos tipos de frutas, lo cual ha permitido que estos puedan conseguir condiciones de comercialización más justas como un precio adecuado por sus artículos, buenas condiciones de trabajo, desarrollo de capacidades, respeto al medio ambiente, entre otras. 

Si bien el comercio justo es una iniciativa de los pequeños productores, sus directrices son pertinentes para aplicarlos de manera general en los intercambios comerciales que realizamos día a día. No se trata de buscar el beneficio de una de las partes, sino de un ganar-ganar a favor tanto de comprador o consumidor como del productor o vendedor. 

Veamos que este contexto económico tan turbulento y complicado puede dejarnos algo positivo, que es el enseñarnos a ser más solidarios y justos para buscar el beneficio de todos. 

Ya lo ha demostrado la práctica del comercio justo que sí se puede, hoy está en nuestras manos ver la oportunidad en la crisis, aprovecharla y salir adelante para ser mejores como personas y como sociedad.