El hombre que en el año 2000 terminó con 71 años de hegemonía priista volvió, 26 años después, a la sede nacional del PRI. Vicente Fox se sentó el viernes con Alejandro “Alito” Moreno, se fotografió con la cúpula tricolor y habló de coincidencias para enfrentar a Morena en 2027.
No fue un encuentro aislado. En semanas recientes Fox también se reunió con Jorge Romero, dirigente del PAN, y con representantes de Somos. La secuencia encendió la lectura del partido gobernante: no hay una oposición nueva, sino un intento de recomponer las piezas de siempre.
El sábado, frente a militantes jóvenes del PAN, Fox no suavizó el tono. Defendió haber entrado a “la cueva roja”, reconoció diferencias con el PRI —al que llamó “el diablito”— y pidió dejarlas de lado para un solo objetivo: impedir que Morena conserve el control del Congreso. “Partirle la madre a Morena en el 2027”, dijo.
Morena contestó con un comunicado duro. Habló de “mafia del poder”, de “PRIAN” y de un ejercicio de gatopardismo: cambiar la envoltura sin cambiar a quienes están detrás. Recordó pactos del pasado —1988, las acusaciones sobre 2006 y el Pacto por México— y planteó que los adversarios buscan recuperar privilegios, mientras su proyecto insiste en programas sociales, salarios y la continuidad de la 4T.
El contraste político es evidente. Fox insiste en que se trata de una cruzada ciudadana y de sumar voces contra un poder concentrado. Morena sostiene que son los mismos actores reacomodándose antes de que arranque formalmente el proceso electoral.
Por ahora no hay alianza firmada. El PAN discute acuerdos estado por estado y Movimiento Ciudadano se ha mantenido a distancia del PRI. Lo que sí hay es un reacomodo visible, un discurso de unidad opositora cada vez más explícito y una respuesta oficialista que ya etiquetó el movimiento: no es renovación, es reorganización.










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