El embajador estadounidense Ronald Johnson respaldó públicamente el operativo en el que murió Luis Enrique Barragán Chávez, conocido como “El Wicho” o “R5”, y lo presentó como un ejemplo de los resultados de mantener la presión sobre los grupos criminales.
En una publicación en X, Johnson recordó que Barragán Chávez era buscado por Estados Unidos, tenía una orden de extradición y por su captura se ofrecían 3 millones de dólares del Departamento de Estado.
El diplomático señaló que el despliegue mexicano evidencia lo que puede lograrse mediante presión constante contra organizaciones que Washington considera criminales y terroristas. Añadió que, con el gobierno de Trump y México, los responsables “serán encontrados y rendirán cuentas”.
La muerte de “R5” ocurrió la noche del 30 de agosto en Rodeo del Pinal, Tocumbo, Michoacán, durante un enfrentamiento con elementos de Defensa y la Guardia Nacional. Las autoridades informaron que repelieron una agresión armada; otro hombre que lo acompañaba también murió.
Barragán Chávez era identificado como presunto dirigente del Cártel de Los Reyes, ligado a Cárteles Unidos, y estaba señalado por su participación en una estructura dedicada a extorsionar a productores de aguacate de la zona de Los Reyes.
El mensaje de Johnson refuerza la narrativa de Washington sobre una política de presión sostenida contra los cárteles y coincide con el discurso de cooperación en seguridad entre ambos gobiernos.
El episodio también ocurre en medio del debate sobre la relación bilateral y las declaraciones de Claudia Sheinbaum, quien ha advertido que Estados Unidos no debe intentar dividir al gabinete mexicano mediante elogios selectivos a funcionarios. En este caso, la captura que Washington buscaba terminó con la muerte del objetivo antes de su posible entrega a autoridades estadounidenses.










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