La victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en las elecciones presidenciales de Brasil quedó marcada por la reacción de su rival, Flávio Bolsonaro, quien anunció que pedirá la anulación de la segunda vuelta celebrada el domingo 25 de octubre de 2026. El senador no reconoció los resultados y cuestionó la decisión de extender el horario de votación.
El Tribunal Superior Electoral confirmó que Lula obtuvo el 51.78 por ciento de los votos válidos, cerca de 64.2 millones, mientras que Bolsonaro alcanzó el 48.22 por ciento, con aproximadamente 59.8 millones. La diferencia entre ambos fue de alrededor de 4.4 millones de sufragios, con casi el 100 por ciento de las urnas contabilizadas.
La victoria supone un giro respecto a la primera vuelta del 4 de octubre, cuando Flávio Bolsonaro encabezó los resultados con 47.03 por ciento, frente al 45.16 por ciento de Lula. Con la remontada, el mandatario de 80 años consiguió un cuarto mandato presidencial, un hecho inédito en la historia política brasileña.
El candidato del Partido Liberal centró sus cuestionamientos en la decisión del ministro del Supremo Tribunal Federal, Cristiano Zanin, exabogado de Lula, de prolongar dos horas la jornada electoral, hasta las 19:00 horas. La medida respondió a dificultades en el transporte público y al mal tiempo. Bolsonaro la calificó de “inaceptable” y sostuvo que alteró las reglas del proceso electoral.
La ampliación también provocó confusión en algunos centros de votación. No obstante, las campañas de ambos candidatos habían solicitado previamente más tiempo para sufragar en determinadas localidades.
El resultado se produce en medio de una fuerte polarización política. Jair Bolsonaro, padre del candidato derrotado, cumple una condena por el intento de golpe de Estado de 2023 y permanece bajo arresto domiciliario. Lula tomará posesión el 5 de enero de 2027, con el desafío de gobernar ante un Congreso cuya composición es desfavorable para el PT.











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