La columna de Erika Rivero Almazán
Ya salió el peine.
O mejor dicho: ya salió el PAN, salidito del horno.
Carlos Montiel, actual regidor y hombre de todas las confianzas de Eduardo Rivera señaló directamente a Jorge Romero y Mario Riestra de ser los artífices de la derrota electoral de Acción Nacional para el 2027 al perder una oportunidad histórica viable de regresar a gobernar la ciudad de Puebla.
A Romero por no "caminar y recorrer territorio" desatender los problemas en los estados y no poner orden, y a Riestra por complicidad sospechosa con Morena y con el gobernador Alejandro Armenta: "no hay una voz crítica de oposición en Puebla y no sabemos por qué ", dijo Montiel.
Además, señaló que "nadie sabe tampoco de dónde se sacaron de la manga eso de que a fuerza toca mujer en la capital" cuando lo urgente es postular a un candidato realmente competitivo: y esa posición es para un hombre llamado Eduardo Rivera.
Zas.
La declaración produjo salpullido en muchos.
Peeeeero: los números no mienten.
Y las encuestas posicionan a Rivera en un primer lugar en las encuestas.
Sin embargo, Riestra ni los ves ni los oye.
No hay negociación ni acuerdo con este grupo panista. La señal es que no hay rebanada para ninguno de ellos.
Aun con los tiempos encima: ni para la alcaldía de Puebla, ni para el resto del estado, ni diputaciones locales.
Esto mientras MORENA va por la final entre la reelección de Pepe Chedraui y la boxeadora Gaby "la bonita" Sánchez, y ya están repartiendo el pastel para las diputaciones. Y Movimiento Ciudadano hace su trabajo teniendo a la cabeza a Tony Gali, Fedrha Suriano y Néstor Camarillo.
Como si esto no fuera suficiente, al parecer, Genoveva Huerta tampoco está contenta: la falta de apoyo de Riestra, de acción y negociación exitosa entre los grupos para unificarlos a su causa, lo unico que logra es debilitar su incipiente campaña, que sicho swa de paso, lo alcanza a despegar.
Riestra la está dejando sola.
Y esto se ve y se siente.
¿A quién le convienen presentar a un PAN sin rumbo, dividido, debilitado y sin discurso?
La respuesta la conocemos todos.









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