La columna de Juan Rodolfo Rivera Pacheco
Debido a nuestro trabajo profesional (desde hace ya prácticamente 28 años realizamos mediciones demoscópicas en el BEAP, fundado en 1999) hemos comentado en muchas ocasiones el tema del uso (o abuso, recordando a María de las Heras) de las encuestas como herramienta para ubicar preferencias partidistas, posicionamiento de candidatos o precandidatos o realizar evaluación gubernamental de cualquier nivel, mediante la correcta aplicación de la Teoría del Muestreo y con ello dar resultados reales de cómo piensa u opina un colectivo social en determinada área geográfica.
Una encuesta no es una puntada de algún listo para determinar sin método alguno lo que opina un grupo social y publicarlo con la mayor desfachatez (como hoy lo hacen). Es un instrumento basado en metodología científica que se ha venido aplicando y perfeccionando desde hace muchos años (los primeros ejercicios de muestreo para conocer preferencias ya se realizaban en tiempos de Abraham Lincoln en Estados Unidos de América -desde la década de 1830 cuando contendió por primera vez al Senado-, cuando sus equipos preguntaban en parques a la gente sobre su decisión de voto) y actualmente son herramienta que proporciona datos certeros para partidos, candidatos, medios o ciudadanos en general.
Todo esto lo aclaro porque cada proceso electoral (nosotros medimos desde la década de los 90´s del siglo pasado, personalmente y luego como empresa establecida) las encuestas han venido convirtiéndose en el instrumento fundamental para determinar candidatos hacia el interior de los partidos y desde luego para conocer tendencias partidistas. Al grado que hoy, todos los partidos existentes están usando a las encuestas como base para designar a sus candidatos de cualquier nivel.
Y en las últimas semanas (bueno, siempre ha ocurrido la verdad) se han desatado polémicas en varios Estados, pues el partido mayoritario y que gobierna 24 de ellos, ha dado a conocer a quienes serán sus candidatos a Gobernador (con el disfraz de “Coordinador para la defensa de la 4T”, pero todo mundo sabemos que serán sus candidatos), por los resultados que han dado las encuestas que han levantado, ya que determinaron ese método para tales definiciones.
Y como siempre, varias de esas designaciones como producto de resultados de encuestas, han causado polémicas y desacuerdos de quienes no se vieron favorecidos con la candidatura. Eso pasa siempre, insisto. No conozco a un precandidato de cualquier partido (porque hemos hecho encuestas a todos y cada uno de los partidos en Puebla y todo el país) que acepte de buena gana el resultado de una medición en la que él no fue el que ocupó el primer lugar de las preferencias. Normal.
Eso sí, todos los que quieren participar aceptan gustosos que se les mida. Pero cuando no salen en primer lugar, niegan y reniegan del resultado de la medición. Normal.
Por estas razones, las encuestas internas para partidos, son las que menos nos agrada hacer a los encuestadores serios. Aclaro: Serios (porque hay una bola de vivales que les encanta vender resultados favorables para alguien, que desde luego son falsos, cobrando buenas cantidades de dinero y hasta las publican). Porque con muchos quedas mal (todos los que no salieron en primer lugar) y todos exclaman que “la encuesta está mal”, que “se manipularon resultados”, que “el encuestador se vendió con el ganador”, que “no se respetaron las metodologías” (cuando lo que menos entienden es metodología y estadística).
Ahora bien, creo que el problema es que las dirigencias de los partidos (desde luego incluido el gobernante) a veces dan a conocer resultados de encuestas poco creíbles. Realizados por ellos o por quién sabe quién (no por empresas establecidas) y dan resultados favorables a quien menos se esperaba. Y lo peor, resultados que no coinciden con las mediciones que habían realizado empresas y que habían sido similares todos (recordemos que las encuestas serias con metodologías similares, siempre dan resultados similares, con variaciones porcentuales muy pequeñas). Y ahí es donde empiezan las polémicas y desacuerdos con los inconformes.
Y reitero, ahora están las polémicas en MORENA y sus aliados, pero en el BEAP hemos presenciado discusiones y desacuerdos en todos los partidos políticos actuales… por los resultados de encuestas. Con enojados y resentidos que muchas veces hasta se salen de ese instituto político para irse a otro en donde sí los aceptan, lanzan y a veces hasta ganan.
Pero bueno, cada proceso electoral es lo mismo. Qué bueno que son las encuestas el método por el que definen sus candidaturas los partidos. Pero encuestas reales, con metodologías certeras, con levantamientos cara a cara, por sección electoral y en vivienda (nunca vaciladas telefónicas o por internet). Inconformes siempre va a haber, pero ojalá las dirigencias partidistas no contribuyan a la polémica con resultados raros de encuestas más raras. Es cuánto.
Pero siempre insistimos: Las encuestas NO son un “mito genial” (recordando la expresión de Pedro Aspe). Son y serán un instrumento invaluable… para quien las sabe usar.
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